En una columna para Diario Financiero, Tomás Flores, economista de Libertad y Desarrollo, planteó cuáles son los puntos débiles de la reforma.

El presidente Gabriel Boric, presentó en noviembre pasado su propuesta de reforma al sistema de pensiones, que entre otras cosas, crea un sistema de reparto con aporte de los trabajadores y terminar con el modelo de las AFP.

Sin embargo, esta iniciativa ha generado críticas y dudas desde diversos sectores, que cuestionan su viabilidad financiera, su impacto en el mercado laboral, el hecho si mejora o no las pensiones, y su efectividad para resolver los problemas estructurales del sistema previsional.

En este artículo, expondremos algunos de los argumentos que plantea Tomás Flores, economista de Libertad y Desarrollo, en su columna publicada en Diario Financiero, donde sostiene que la reforma de Boric es otra iniciativa destinada al fracaso.

La visión de Tomás Flores

El Gobierno recientemente ha presentado algunas modificaciones de su propuesta original orientadas a reorganizar la industria previsional, que consiste en crear una empresa única (que podría ser licitada y operada por el sector privado) que administraría los ahorros de los nuevos cotizantes.

Además, el Gobierno señaló que se estudia la licitación de carteras de clientes previsionales, con el fin de aumentar la competencia y que ingresen nuevos gestores.

Sin embargo, según sostiene Flores, esta propuesta tiene varios problemas y genera muchas dudas. Por un lado, no está claro si con la empresa administradora única se podrían lograr las economías de escala deseadas y, por ende, alcanzar menores comisiones, dado que hoy la operación de las AFP ya está terciarizada casi en su totalidad.

En esta línea, Tomás Flores explica que las modificaciones propuestas ignoran que los afiliados no eligen su AFP solo por comisión o teniendo en cuenta sólo la variable precio, sino que también evalúan su decisión sumando temas como la rentabilidad esperada futura, y la comodidad y calidad de atención.

“¿De qué le serviría a un afiliado de Osorno cambiarse a una AFP de menor comisión si para relacionarse con ella tiene que hacer el viaje a Puerto Montt?”, se pregunta Flores. La lectura de que el sistema está fallando porque si una nueva AFP ofrece los servicios a menor comisión y esto no se traduce en una migración masiva hacia ese gestor es una lectura incompleta, sostiene.

Por otra parte, sobre la licitación de las carteras actuales de clientes (es decir, que un afiliado hoy en una AFP lo obliguen a cambiarse a una AFP nueva a no ser que éste activamente indique que no quiere cambiarse) el economista establece que este proceso violaría el derecho a elegir de los afiliados, al obligarlos a cambiarse de AFP.

Por lo demás, en un ambiente donde la administración y la inversión estarían separados, Flores eleva las siguientes interrogantes: ¿qué inversionista estaría interesado en entrar al sistema si no podrá mantener una relación con el cliente final? ¿Y qué afiliado no querrá conocer en carne y hueso a la persona o entidad que le está gestionando sus fondos en busca de mayor rentabilidad? Con la separación de la industria incluida en la propuesta, ambos elementos no producirían los efectos deseados y es ahí donde la propuesta del Gobierno en lo referido a reorganización de la industria previsional genera aún muchas dudas.

En resumen, Flores señala que la reforma sufre de una peligrosa miopía y que hace una lectura incompleta de la realidad previsional. Si el Gobierno sigue en estas líneas, advierte, “y persiste en su idea de crear un fondo colectivo en forma de impuesto al trabajo y a los actuales cotizantes, entonces la reforma seguirá condenada al fracaso”, explicó.