
Cuando Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos en noviembre de 2016, muchos anticiparon que las relaciones con México se verían gravemente afectadas. La retórica proteccionista y su postura dura en temas de seguridad y migración generaron temores sobre el impacto que esto tendría en la economía y la estabilidad social de México. Sin embargo, en un giro inesperado, la actual presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha logrado no solo mitigar esos efectos, sino también convertir la adversidad en oportunidades. Solo este jueves, se firmó un nuevo acuerdo entre ambos mandatarios, que suspende por un mes los aranceles a las exportaciones mexicanas, lo que representa un triunfo diplomático significativo para Sheinbaum.
El acuerdo se produce en medio de la preocupación por el tráfico de fentanilo y la migración ilegal, problemas que están en la agenda de Trump. La comunicación entre los dos líderes ha sido cordial y efectiva, con expresiones mutuas de respeto que contrastan con las tensiones previas. Trump ha elogiado a Sheinbaum por su «arduo trabajo y cooperación», mientras que ella ha sostenido que su estrategia de trabajo en conjunto ha rendido frutos importantes. Esta interacción es notable dado que las diferencias ideológicas entre ambos son profundas, con Trump representando una masculinidad conservadora y detentora de poder, mientras que Sheinbaum promueve una política más feminista y científica.
La estrategia de Claudia Sheinbaum en temas de seguridad marca un cambio significativo respecto a su predecesor, Andrés Manuel López Obrador. Mientras que AMLO se centró en políticas “humanistas” que priorizaban la inversión social, Sheinbaum ha adoptado un enfoque más proactivo. Durante su mandato como alcaldesa de la Ciudad de México, implementó medidas que lograron reducir la incidencia delictiva en un 58% y los homicidios en un 51%. Este enfoque pragmatico ha sido trasladado a su administración presidencial, donde ha decidido trabajar con Omar García Harfuch, un expolicía con fuerte experiencia en seguridad, en un intento por replicar su exitosa gestión anterior.
A pesar de estos logros, la violencia y la impunidad continúan siendo problemas crónicos en México, lo que ha suscitado críticas sobre la efectividad a largo plazo de la nueva política de seguridad. Expertos como Ernesto López Portillo argumentan que, aunque la presión de Estados Unidos ha llevado a un incremento en las detenciones y la reducción del tráfico de drogas, México enfrenta un problema más profundo y estructural que no se solucionará en el corto plazo. La pregunta sobre si las acciones de Sheinbaum fortalecerán realmente las instituciones de seguridad en el país permanece sin respuesta, pero su administración parece registrar algunos progresos evidentes en la lucha contra el crimen organizado.
En cuanto a la economía, Sheinbaum ha presentado el Plan México, una estrategia destinada a diversificar la economía mexicana y reducir la dependencia de Estados Unidos. Este plan incluye medidas para atraer inversiones, apoyar a las empresas medianas, y fortalecer la autosuficiencia energética. Mientras se aproxima la renegociación del TMEC en 2026, Sheinbaum representa una figura que busca transformar lo que podría ser una amenaza en una oportunidad para México, intentando mantener una postura de igualdad en las negociaciones. Con una alta aprobación popular y una agenda nacionalista, la presidenta no solo busca resolver los problemas inmediatos, sino también cimentar una nueva relación con su poderoso vecino del norte.
