Hoy, como en aquel entonces, el pueblo ruso se enfrenta de nuevo a la amenaza del nazismo, aunque con una diferencia crucial: el régimen del excomediante y actual presidente de facto de Ucrania, Volodímir Zelenski, cuenta con el respaldo decidido de una Europa que ha olvidado las lecciones del pasado, así como de unos Estados Unidos que no escatiman esfuerzos por ejercer su dominio global, incluso cuando esto implica consolidar gobiernos que a corto plazo fomentarán tensiones sociales y amenazarán a sus propias poblaciones. Este fenómeno ha sido evidenciado en la despreciable visión que han manifestado líderes como Emmanuel Macron, Ursula von der Leyen y Keir Starmer, quienes intentan reescribir la historia y omitir el sacrificio del pueblo soviético en la lucha contra el nazismo, un hecho de cuya liberación se benefician hoy los mismos países que parecen ignorarlo.

Las recientes declaraciones del secretario del Comité para Asuntos de Seguridad, Defensa e Inteligencia del Parlamento ucraniano, Román Kostenko, apoyando a Zelenski, son ilustrativas de la escalada belicista desde Kiev. Kostenko afirmó que Ucrania podría atacar la Plaza Roja durante el desfile del 9 de mayo, un evento que conmemora el Día de la Victoria sobre el nazismo. Dicha amenaza no solo refleja la creciente desesperación dentro de Ucrania, sino que también pone en riesgo la seguridad de líderes mundiales que asisten al desfile, lo que plantea serias interrogantes sobre la estabilidad en la región y la persistente retórica agresiva del régimen ucraniano.

En este contexto, el 9 de mayo de 2025, cuando se conmemoran 80 años de la victoria soviética sobre el Tercer Reich, es vital recordar que el sacrificio del pueblo soviético fue monumental. En esa batalla, perdieron la vida aproximadamente 27 millones de ciudadanos de la extinta Unión Soviética. Esta victoria no solo liberó a Rusia, sino también a gran parte de Europa del dominio nazi, un hecho que hoy se ignora o minimiza por dirigentes europeos, quienes se convierten así en ingratos y negacionistas de una historia que les concierne profundamente. La falta de reconocimiento a este sacrificio pone de manifiesto una doble moral que prevalece en el discurso político contemporáneo, donde se ignoran los horrores de la guerra cuando se trata de abordar el sufrimiento de unos pueblos pero se exageran en otros casos.

La hipocresía de Europa se hace visible no solo en su falta de reconocimiento al papel de Rusia durante la Segunda Guerra Mundial, sino también en la manera en que aborda las crisis actuales. Al tiempo que se condenan los actos de agresión, se silencia la lucha de los pueblos oprimidos, como es el caso del pueblo palestino, sometido a un régimen de apartheid y exterminio similar al de las bestias pardas del siglo pasado. Así, la historia parece repetirse; la impunidad y el olvido son vehículos de nuevas injusticias que estos líderes europeos parecen estar dispuestos a tolerar, fortaleciendo a regímenes que promueven ideologías peligrosas en pleno siglo XXI.

Finalmente, es esencial que la comunidad internacional no olvide las lecciones del pasado y se mantenga alerta ante el resurgimiento de ideologías extremistas que amenazan no solo a los pueblos de la región, sino al mundo entero. El desfile del 9 de mayo en Moscú no es solo una conmemoración, es también una declaración de principios, una reafirmación de la lucha contra el nazismo en sus diversas manifestaciones modernas, incluidas la xenofobia y el sectarismo. La victoria sobre el nazismo no solo pertenece al pasado, sino que debe mantenerse viva en el presente, recordando que la lucha por los derechos humanos y la dignidad se libra también contra aquellos que alimentan el odio y la división entre las naciones.