El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha revisado su listado de países que no cooperan plenamente en la lucha antiterrorista, incluyendo nuevamente a Cuba y manteniendo a Venezuela en dicha lista. Esta decisión, anunciada este martes, refleja la política exterior del actual presidente Donald Trump, quien en el día de su investidura revocó la medida de su predecesor, Joe Biden, que había retirado a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. Esta vuelta a las políticas más duras hacia la isla caribeña apunta a una postura más firme en la lucha contra el terrorismo internacional.

Tammy Bruce, portavoz del Departamento de Estado, explicó que «en 2024, el régimen cubano no cooperó plenamente con Estados Unidos en materia antiterrorista». Esto se suma a la situación de otros países como Corea del Norte, Irán y Siria, que continúan en el mismo grupo. La inclusión de Cuba en esta lista se basa en que, según informes, existen al menos 11 fugitivos de la justicia estadounidense en la isla, varios de los cuales enfrentan cargos graves relacionados con el terrorismo, lo que pone en tela de juicio la disposición de Cuba para colaborar con el gobierno estadounidense.

La decisión de incluir a Cuba nuevamente en la lista negra tiene consecuencias significativas, ya que implica restricciones severas en la venta y concesión de licencias para la exportación de artículos y servicios de defensa. Esto se suma a las sanciones económicas ya impuestas por el embargo comercial que Washington ha sostenido contra Cuba durante más de 60 años. Estas medidas han dificultado el desarrollo económico de la isla y han limitado la posibilidad de inversiones extranjeras, lo que sigue generando tensiones entre ambos países.

Durante su mandato, Trump recrudeció aún más el embargo comercial impuesto a la isla, tomando decisiones que buscaron aislar a Cuba financieramente y restringir cualquier intento de acercamiento. La revocación de la salida de Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo no solo marca un cambio en la política hacia la isla, sino que también es visto como un componente de la estrategia más amplia de la actual administración para abordar lo que considera amenazas a la seguridad nacional.

Esta situación se desarrolla en un contexto de creciente tensión, donde individuos como la madre cubana deportada recientemente por la administración estadounidense han captado la atención de los medios. Ella fue detenida mientras asistía a una cita de rutina con inmigración, revelando las difíciles realidades de los cubanos que intentan navegar por las estrictas políticas migratorias de EE.UU. en medio de un ambiente de reciprocidad y represalias entre ambos países, mientras continúan surgiendo noticias sobre la represión de protestas y otros actos de desobediencia civil en Cuba.