
La globalización, que prometía un crecimiento y bienestar permanentes, enfrenta hoy un retroceso significativo. Según Hernán González M., profesor universitario, esta tendencia se ha acentuado debido a la incapacidad de la globalización para prevenir las recesiones típicas de los ciclos económicos. En un entorno donde los mercados parecían ser la solución mágica a todos los problemas, la realidad ha demostrado que esta era de promesas ilimitadas era, en efecto, solo una ilusión. El discurso optimista del crecimiento económico ha sido violentamente desmentido por la crisis recurrente y la falta de estabilidad, lo que pone en duda la credibilidad de este modelo económico.
En el contexto político actual de Chile, el debate se ha convertido en un eco monótono de propuestas que apenas logran despertar el interés del electorado. A excepción de las provocativas propuestas de candidatos como Kaiser y Kast, que parecen más diseñadas para captar la atención que para ofrecer soluciones concretas, la campaña presidencial se desarrolla en un mar de aburrimiento. Los debates no son construcciones de nuevos consensos sobre la convivencia social, sino una repetición de ideas anticuadas, donde los problemas reales, como la gestión del Estado y las funciones públicas, son ignorados. En este vacío, la prensa sensacionalista y los escándalos judiciales se convierten en el único contenido vibrante del debate público.
Las tensiones provocadas por los escándalos políticos, como la persecución judicial contra figuras del ámbito político, han opacado otras cuestiones críticas. Los ataques que enfrenta Daniel Jadue y la controversia en torno a la alcaldesa Iraci Hassler son solo ejemplos de una estrategia que busca minar la credibilidad de la izquierda y distraer al público de discusiones más relevantes. En medio de estas turbulencias, el clamor por una reducción del Estado resuena con fuerza, pero se siente como un canto nostálgico que replantea cuestionamientos sobre la verdadera naturaleza y el papel que debe desempeñar el Estado en la sociedad contemporánea.
En este contexto, figuras del pasado, como Evelyn Matthei, son vistas como candidatas de una nostalgia por tiempos mejores que nunca volverán. La propuesta de una segunda vuelta electoral entre ella y Carolina Tohá carece de sustento real en un panorama donde la Concertación es un recuerdo lejano. La búsqueda de consensos políticos en la derecha chilena parece haber chocado con la realidad de un neoliberalismo que, lejos de ser la panacea, se ha revelado como un sistema depredador que crea desigualdades y conflictos sociales. Este fenómeno se reproduce no solo en Chile, sino en toda América Latina, donde la insatisfacción con el modelo económico se manifiesta en la creciente movilización social.
La oportunidad actual radica en despertar a una sociedad adormecida por el temor y la desconfianza. La derecha, al aprovechar este letargo, intenta imponer un repertorio de ajustes y medidas de represión que buscan estabilizar un modelo inviable. Por su parte, la izquierda enfrenta el desafío de desafiar esta narrativa y construir una alternativa sólida que aborde las causas de la crisis. La construcción de una nueva sociedad que reconozca las diferencias y resuelva conflictos de manera inclusiva podría ser el camino hacia un futuro más justo, transformando la frustración social en una fuerza constructiva que movilice a la ciudadanía hacia un cambio real.
