Según el mandatario, Chile enfrenta una crisis multidimensional que lo coloca en un estado de «no aguanta más». Las declaraciones de José Antonio Kast transmiten una imagen sombría de un país al borde del abismo, donde la inseguridad y el desorden predominan entre la población. Este discurso ha sido adoptado por algunos sectores de la extrema derecha, que utilizan la narrativa del caos para las campañas mediáticas con la intención de proyectar una imagen de autoridad cuya única solución es el orden. En este contexto, es importante analizar cómo esta estrategia comunicacional busca establecer el liderazgo del gobierno frente a lo que ellos consideran una emergencia nacional.

Y efectivamente, la línea mediática sostenida por el mandatario presenta a Chile como una nación desgastada por la criminalidad y el crimen organizado, donde las fuerzas de seguridad han perdido el respeto y la autoridad frente a un creciente clima de violencia. En muchos barrios la presencia de delincuentes es una realidad palpable, lo que ha llevado a calificar la situación como alarmante. Kast menciona que las finanzas públicas están debilitadas, y asegura que el gobierno saliente dejó las «arcas fiscales vacías», un comentario que no solo busca justificar medidas extremas, sino también el tono de urgencia que caracteriza su administración.

En este marco, el nuevo gobierno ha recibido aclamaciones y críticas por su promesa de actuar con contundencia. Kast ha declarado que su administración será un «gobierno de emergencia», lo que implica una serie de medidas que se implementarán con velocidad y que eluden los marcos legislativos habituales. Este enfoque, que implica un decreto más que un diálogo, ha creado expectación en el sentido de que el presidente busca establecer rápidamente un control sobre la situación desbordante, con un discurso que apela a la necesidad de restablecer el orden en tiempos de caos.

Además, hay un claro compromiso por parte del gobierno de realizar una «auditoría total» de la gestión anterior, lo que no solo busca hacer justicia ante las irregularidades que se asocian a la administración saliente, sino también reforzar el mensaje de que su gobierno es el que tiene el carácter y la determinación para enfrentar y revertir la crisis. En este sentido, la retórica de Kast también incluye una invocación a una suerte de autoridad divina, buscando además legitimar su discurso en un marco moral que categoriza a quienes se oponen como antipatriotas.

Finalmente, la estrategia comunicacional que la nueva administración ha adoptado parece enfocarse en la inmediatez y las soluciones cortoplacistas. La frase «Trabajando para usted» se convierte en el lema que marca el estilo del gobierno, donde las acciones se priorizan sobre la resolución de problemas estructurales. Este relato, cargado de promesas de acción rápida, se enfrenta a la prueba del tiempo, ya que será crucial observar si estas medidas efectivas pueden sostenerse en un horizonte de cuatro años de gestión, o si, por el contrario, se convertirán en un mero eslogan que no aborda la raíz de los problemas nacionales.