
La tragedia se desató en la mañana del viernes 27 de marzo en el Instituto Obispo Silva Lezaeta de Calama, donde un alumno de 18 años agredió a varios compañeros y a una inspectora con un cuchillo. El ataque dejó a la comunidad educativa en shock, especialmente al enterarse de que la inspectora, María Victoria Reyes Vache, de 59 años, no sobrevivió a las heridas sufridas. Además de la inspectora, tres adolescentes resultaron heridos, uno de los cuales se encuentra en estado crítico en un hospital de Antofagasta. Las autoridades informaron que el agresor fue detenido en el mismo recinto por otros estudiantes, siendo posteriormente arrestado por Carabineros. Su detención se extendió por el fin de semana y se espera que sea formalizado ante un tribunal en los próximos días, mientras se recopila más información sobre el contexto del crimen.
María Victoria Reyes Vache era reconocida por su dedicación y cariño hacia sus alumnos. Casada durante 30 años y madre de dos hijos, Reyes se desempeñaba como inspectora en el instituto desde hace una década, siendo considerada un pilar fundamental en la educación de los jóvenes de la comunidad. La dirección del establecimiento expresó su profundo dolor por la pérdida de una persona que siempre estuvo dispuesta a apoyar y guiar a los estudiantes. En un comunicado, señalaron que su legado perdurará en los corazones de aquellos que tuvieron la oportunidad de conocerla y trabajar junto a ella.
La hija de Reyes, Carolina Collao, recordó a su madre como una «mujer muy buena, de un corazón noble». Collao relató que su madre amaba a los niños y disfrutaba mucho de su trabajo, destacando la conexión especial que tenía con sus alumnos. «Fue una excelente mamá y una excelente mujer», afirmó, mientras la familia se prepara para despedirla en sus funerales programados para este fin de semana en el interior del instituto. El sensible momento se ve agravado por la tristeza que ha provocado la noticia en la comunidad educativa y en la ciudad de Calama.
Como consecuencia del ataque, la dirección del Instituto Obispo Silva Lezaeta decidió suspender las clases hasta el 6 de abril para permitir a los estudiantes asimilar lo sucedido, así como para facilitar el proceso de duelo. Durante la semana del 30 de marzo, los docentes regresarán al establecimiento para participar en jornadas de contención y apoyo psicológico, buscando así restablecer un sentido de normalidad en medio de esta crisis. La preocupación por el bienestar emocional de los estudiantes y el personal docente se ha vuelto prioritaria, dado el impacto que un hecho de esta magnitud tiene en la salud mental de una comunidad escolar.
El incidente en el Instituto Obispo Silva Lezaeta ha reabierto el debate sobre la seguridad en las escuelas chilenas y la necesidad de implementar medidas efectivas para prevenir actos de violencia. La comunidad educativa y los padres se sienten angustiados, buscando respuestas sobre cómo un ataque tan brutal pudo ocurrir dentro de un espacio destinado al aprendizaje y la convivencia. A medida que se desarrollan las investigaciones, se espera que las autoridades educativas tomen cartas en el asunto para garantizar la paz y seguridad en las aulas, evitando así que tragedias como esta se repitan en el futuro.
