La reciente reflexión de Fernando Bahamonde desde Punta Arenas ha reabierto el debate sobre la naturaleza del legado judeocristiano y sus implicaciones en la civilización occidental contemporánea. Según su análisis, este legado se manifiesta no solo como un sistema de creencias, sino como un sionismo genocida y un fundamentalismo que ha perpetuado estructuras de opresión a lo largo de la historia. Este enfoque crítico busca ver más allá de la narrativa de progreso y civilización que ha dominado el pensamiento occidental, aludiendo a un pasado marcado por el colonialismo, el racismo y la violencia sistemática. La idea de una civilización integradora se pone a prueba cuando se revisan los hechos históricos que evidencian genocidios y etnocidios perpetrados en diversas partes del mundo bajo la bandera de Occidente.

Bahamonde sostiene que la noción de ‘civilización occidental’ necesita ser interrogada en sus fundamentos, dado que su eurocentrismo contribuye a la exclusión de otras voces y experiencias humanas. En este sentido, el renacimiento, la reforma y la revolución son vistos no como puntos de partida inclusivos, sino como momentos de consolidación de un poder que ha marginado a innumerables culturas y pueblos. Su análisis sugiere que esta civilización, que aspira a proyectarse como un modelo de libertad y democracia, ha dejado un rastro de destrucción social y ecológica que se revela en la actual triple crisis que enfrenta el mundo.

El colapso del capitalismo, que Bahamonde describe como un fenómeno irreversible, se presenta no solo como una crisis económica, sino también como una crisis social y ecológica que afecta a las estructuras geopolíticas. En este contexto, es fundamental cuestionar las narrativas que sustentan el poder hegemónico, así como el uso de conceptos como ‘democracia’ y ‘libertad’ que han sido apropiados por fuerzas reaccionarias para justificar la opresión. Esta manipulación de ideas ha permitido que movimientos neofascistas crezcan, amparados en la defensa de una identidad supuesta que se ve amenazada por la diversidad, los migrantes y las luchas sociales por la equidad.

En el marco de este debate, el legado de pensadores como Oswald Spengler, Francis Fukuyama y Samuel Huntington se hace evidente, pues sus teorías han nutrido un pensamiento militar y político que promueve la defensa de una civilización en declive a través de la violencia. Queda claro que un enfoque genuino para abordar la crisis actual debe involucrar una crítica profunda de estas ideas y una reflexión sobre sus raíces históricas. Bahamonde llama a descolonizar el intelecto y a cuestionar la legitimidad de una civilización que, a pesar de sus proclamaciones de grandeza, ha estado marcada por el sufrimiento de innumerables pueblos en su camino hacia la modernidad.

Finalmente, la propuesta de Bahamonde revela una urgencia para repensar el futuro de nuestra sociedad en un momento crítico. Con la caída del capitalismo como telón de fondo, se invita a explorar alternativas que superen las lógicas de explotación y barbarie que caracterizan a lo que hemos conocido como ‘Occidente’. Se abre un espacio de discusión sobre la necesidad de construir una nueva civilización, que no solo reconozca su historia, sino que busque sanar las heridas del pasado a través de una verdadera inclusión y justicia global. La visión de un futuro sin capitalismo y sin la barbarie ligada a la tradición judeocristiana se torna no solo posible, sino urgente.