Dos hombres panameños fueron detenidos por el Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) bajo la sospecha de estar involucrados en el tráfico de cuatro migrantes irregulares de nacionalidad venezolana. Los arrestos se llevaron a cabo en el puesto de control de Bayano, ubicado en el este de la provincia de Panamá, cuando los detenidos intentaban transportar a un hombre y a tres mujeres venezolanas, de las cuales una es menor de edad. Este hecho resalta el incremento en el tráfico de personas en la región, siendo la selva del Darién una de las vías más utilizadas por migrantes en su búsqueda de mejores oportunidades en Estados Unidos.

El Selva del Darién, que forma una frontera natural entre Panamá y Colombia, ha sido históricamente un paso peligroso para los migrantes que huyen de crisis humanitarias en sus países de origen. A pesar de los riesgos asociados, que incluyen grupos armados y terracerías inhóspitas, miles de personas han optado por atravesar esta selva en su camino hacia el norte. El contexto actual, sin embargo, ha visto una drástica disminución en el tráfico migratorio a través de esta ruta, con el gobierno panameño anunciando medidas restrictivas para controlarlo.

Recientemente, el gobierno de Panamá tomó la decisión de cerrar la principal estación de recepción migratoria en Lajas Blancas, cerrando el paso a migrantes irregulares debido a la caída del flujo de viajeros hacia Estados Unidos. En mayo, el presidente José Raúl Mulino declaró que el tránsito irregular por el Darién estaba prácticamente cerrado, lo que marcó el fin de una crisis humanitaria que había persistido durante años. Este cierre se justifica por la reducción en el número de migrantes que cruzaron la selva, que pasó de 29,259 en abril del año pasado a solo 73 en el mismo mes de este año.

Las autoridades panameñas atribuyen esta significativa disminución en la migración irregular a diversas medidas, incluidas el cierre de caminos en la selva y el establecimiento de un único ‘corredor humanitario’. A su vez, se han implementado multas para quienes intenten ingresar al país de manera irregular y se han intensificado los programas de deportación apoyados por el gobierno de Estados Unidos. Estos esfuerzos han contribuido a que el número de migrantes irregulares que llegaron a Panamá en el último año se redujera considerablemente.

Esta situación no es nueva para Panamá, que ha enfrentado crisis migratorias desde 2015, cuando miles de cubanos intentaron llegar a Estados Unidos. La solución para manejar la situación ha variado a lo largo de los años, comenzando con el ‘flujo controlado’ durante aquella crisis. La reciente afluencia de venezolanos, que comenzó en 2019, llevó a la construcción de la estación de Lajas Blancas en 2020, destinada a gestionar el paso de los migrantes. A pesar de los esfuerzos del gobierno panameño, el panorama sigue siendo preocupante debido al intento de miles de personas de encontrar refugio y oportunidades en el norte del continente.