El juicio por corrupción de Odebrecht en Panamá entra en su fase final esta semana, un proceso que ha capturado la atención del país. Con los alegatos de cierre previstos para concluir el 13 de febrero, los jueces están bajo la presión de un plazo legal de 30 días para dictar sentencia. Este caso, que ha destapado una extensa red de sobornos en el contexto de las obras públicas y donaciones políticas, ha generado un palpable deseo de justicia entre la población. El expresidente Ricardo Martinelli, que actualmente busca asilo en Colombia, tiene la posibilidad de participar de manera virtual en este evento crucial de la justicia panameña. Sin embargo, el ambiente de incertidumbre y ansiedad rodea las instancias judiciales, donde el tiempo se siente como un acusado más junto a los implicados.

Durante los días previos a los alegatos finales, los reporteros se concentran fuera del tribunal, donde la rutina de los abogados, que entran y salen proporcionando escasas declaraciones, se convierte en un espectáculo habitual. Este juicio ha sido un ejemplo del cansino proceso judicial que enfrenta el país, y la situación se ha intensificado por las múltiples postergaciones de la audiencia que acumulan un año de retrasos y la necesidad de transparencia que prevalece entre los panameños. La fase documentaria, inicio del caso, comenzó el 12 de enero, y ahora el tribunal se enfrenta a la fase crucial en la que se esperan los argumentos definitivos de las partes involucradas.

El abogado Carlos Carrillo, parte del equipo legal de Martinelli, reveló que la expectativa sobre si el expresidente podría dirigirse al tribunal durante su alegato de cierre resulta inquietante. A pesar de que su intervención sería una oportunidad simbólica para defenderse, el tiempo juega en contra, pues muchos consideran que no hay suficientes minutos disponibles para finalizar esta etapa antes del viernes 13. La situación de Martinelli es compleja, ya que se encuentra en una posición legal vulnerable tras haber evadido la prisión por más de un año en la embajada de Nicaragua, en medio del escándalo de lavado de dinero que lo involucra.

La trama del caso Odebrecht en Panamá se remonta a 2015, cuando estalló la investigación que finalmente fue reabierta en 2017 tras las confesiones de la constructora brasileña sobre el pago de sobornos. Hasta la fecha, se ha mencionado que Odebrecht desembolsó más de 80 millones de dólares en sobornos en el país. A lo largo del proceso, 23 personas han sido acusadas de complicidad en estos actos delictivos, siendo dos de los hijos de Martinelli los que ya han enfrentado condenas en Estados Unidos por su implicación. Esta relación familiar añade un nivel de dramatismo al juicio, mientras la población espera ver cómo se reparte la responsabilidad entre las figuras políticas más influyentes.

Sin embargo, las expectativas sobre una sentencia final podrían estar lejos de ser definitivas. Expertos como Rodrigo Noriega sugieren que, aunque se anticipan condenas, también podrían producirse absoluciones, lo que abriría la puerta a un largo proceso de apelaciones. La realidad es que un veredicto inicial no garantiza la resolución de este escándalo, que podría prolongarse hasta 2027. La complejidad de la justicia, marcada por la falta de cooperación internacional y las controversias sobre la jurisdicción, podría empañar la claridad que busca Panamá. Mientras tanto, la incertidumbre persiste, convirtiendo el tribunal en un escenario donde la espera se mezcla con la esperanza de justicia.