La joven Violeta Araya, de 13 años, ha encontrado su voz no solo en el hogar que comparten su familia, sino también dentro del Coro de Niños y Niñas de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI). Aunque sus padres, el tenor Gonzalo Araya y la soprano Carolina Grammelstorff, han trazado caminos exitosos en el mundo de la música, Violeta está decidida a construir su propia identidad artística. Desde pequeña ha estado rodeada de melodías y ensayos, lo que ha sembrado en ella una apreciación profunda por el arte musical y un deseo de explorarlo de forma única, más allá del legado de sus progenitores.

El impacto de la música en la vida diaria de Violeta es innegable. Ella misma describe su crianza como un «privilegio súper grande», donde desde la ducha hasta la cocina se convierten en escenarios para la práctica musical. Este entorno sonoro no solo fomenta su creatividad, sino que también establece una conversación continua sobre el arte en casa, donde la corrección de afinaciones y las recomendaciones de su madre han hecho de ellos un equipo excepcional. «Nos ayudamos mutuamente», dice su padre, resaltando cómo su hija ha integrado conocimientos musicales desde una edad temprana.

El camino hacia FOJI fue una decisión que enriqueció su vida artística. Antes de incursionar en el canto, Violeta estudió violín y tuvo prácticas de danza, lo que refleja la filosofía de sus padres de brindarle diversas experiencias sin forzarla a elegir un único rumbo. Tres años atrás, después de una audición donde practicaron vocalizaciones con otros niños, logró un lugar en el coro, un espacio que representa una verdadera comunidad donde puede expresar su musicalidad junto a iguales. «Aquí es distinto, más coral», explica, señalando la diferencia entre el repertorio familiar y la experiencia grupal que FOJI le ofrece.

Una de las experiencias más memorables para Violeta ha sido participar en el estreno nacional de la Octava Sinfonía de Mahler en el Teatro Caupolicán. Para ella, cantar en conjunto con sus compañeros ha representado una etapa vital en su crecimiento. «Es divertido y te ayuda a quitarte el miedo», asegura, desarrollando así su confianza como artista. Gonzalo, su padre, se muestra orgulloso de cómo momentos como estos amplían los horizontes de su hija y le permiten conquistar escenarios que antes solo conocía a través de sus padres.

Con la firme creencia de que el arte formativo es esencial para el crecimiento de los niños, Gonzalo destaca la importancia de iniciativas como FOJI en Chile. A diferencia de su propio inicio en una carrera tradicional, él observa que Violeta está expuesta desde temprana edad a un entorno artístico que fomenta su creatividad. «Es como si les pusieran una lamparita que les dice: mira, por aquí hay un camino», reflexiona, enfatizando que el apoyo hacia su hija será incondicional, independientemente de la dirección que decida tomar en su futuro artístico. Violeta, al contar su experiencia, resalta: «A mí me encanta FOJI, es un espacio para hacer amigos y divertirme cantando».