
El presidente Donald Trump ha rechazado categóricamente las versiones de prensa que sugieren que le aconsejó a la líder opositora venezolana, María Corina Machado, que no regresara a su país natal en medio de la crisis generada por los terremotos que azotaron Venezuela el pasado 24 de junio. Durante una rueda de prensa realizada a bordo del Air Force One, en su trayecto hacia la Base Militar Andrews, Trump se mostró firme en su defensa de Machado, calificándola como «fantástica» y «una persona maravillosa». Estas declaraciones surgen en respuesta a informes de medios como The New York Times, que habían afirmado que Trump había ofrecido dicho consejo durante un encuentro con Machado, sugiriendo que la política debía mantenerse alejada de Venezuela por el momento debido a la inestabilidad en la región.
Las afirmaciones de Trump se producen en un contexto en el que otros funcionarios de su administración también habían expresado inquietudes sobre el retorno de Machado a Venezuela. El diario estadounidense reportó que, a pesar de la recomendación, la opositora intentó abordar un vuelo hacia su país e incluso se vio obligada a regresar a Washington D.C. tras la emergencia. Ante esta situación, el presidente de Estados Unidos dejó en claro que desconocía la ubicación actual de la líder venezolana al preguntar a los reporteros: «¿regresó ella a Venezuela?», lo que refuerza la idea de que su relación con Machado no está influenciada por presiones políticas internas o externas.
Asimismo, Trump enfatizó la importancia de su relación con Machado, recordando el momento en que ella le otorgó un reconocimiento, indicando que su apoyo le otorgó una conexión especial con la opositora venezolana. «Ella me dio el premio Nobel, así que cómo me puede caer mal», aseveró el mandatario, haciendo referencia al comentario de Machado en el pasado, donde afirmó que el verdadero merecedor del premio era Trump por su labor en la resolución de conflictos internacionales. Esta interpretación positiva parece ser parte de una estrategia de Trump para posicionarse como un aliado clave en la lucha por la democracia y los derechos humanos en Venezuela.
El presidente también reiteró su postura sobre la resolución de conflictos en el ámbito internacional, proclamando que ha sido efectivo en la resolución de lo que él considera «ocho guerras» durante su mandato. En este sentido, Trump no sólo defendió su administración, sino que además colocó a Machado como una figura central en su discurso sobre la paz y estabilidad global. «Cuando ella ganó el Nobel de la Paz, dijo: ‘no puedo creer que lo gané, el único que debería ganar es Trump’», destacó, lo que subraya su deseo de vincular su legado con las iniciativas de paz prolongadas en el mundo.
Estas declaraciones de Trump, además, se enmarcan dentro de un contexto más amplio de la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela, que ha estado marcada por el descontento con el régimen de Nicolás Maduro. La Casa Blanca, por su parte, ha defendido las decisiones tomadas en relación con la situación actual en Venezuela, al tiempo que continúa monitorizando de cerca la evolución de los hechos tras los recientes terremotos. La relación entre el gobierno de Trump y los líderes opositores, como María Corina Machado, se reafirma como una estrategia de Washington para promover su agenda democrática en la región y contrarrestar la influencia del chavismo.
