La búsqueda entre los escombros tras el devastador doble terremoto ocurrido en Venezuela ha revelado no solo la magnitud de la tragedia, sino también un impacto colateral significativo en la salud de las víctimas. Los hospitales de campaña internacionales, como el de El Salvador en Catia La Mar, se han convertido en un refugio esencial para aquellos que sufren secuelas físicas y psicológicas. La historia de Justo Blanco, un joven de 26 años que perdió a sus padres mientras buscaba entre los escombros, ilustra el profundo dolor humano que acompaña a esta tragedia. Justo, que presenta tos y dificultad para respirar, atribuye sus síntomas al frío de la noche y al polvo que inhaló durante su búsqueda. Su experiencia es un reflejo del sufrimiento colectivo que enfrenta el país.

Desde el inicio de la atención de emergencia, el hospital de campaña salvadoreño ha atendido a más de 500 pacientes, muchos de ellos con síntomas respiratorios y lesiones. El director médico, Roberto Gavidia, enfatiza que varios heridos han resultado de caídas relacionadas con la búsqueda de familiares. La desesperación y ansiedad han llevado a que muchos no tomen las precauciones necesarias, exacerbando su condición de salud. Esta situación demanda no solo atención médica primaria, sino también un enfoque en la salud mental, como subrayó la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que considera crucial ofrecer apoyo psicosocial a quienes han vivido estas experiencias traumáticas.

En Caraballeda, otro de los lugares duramente afectados, se han desplegado hospitales de campaña de diversos países, incluyendo el Reino Unido, que ha estado recibiendo entre 50 y 100 pacientes diarios desde su apertura. La coordinadora médica, Hydra González Gutiérrez, ha observado un aumento en los dolores musculares y pequeñas lesiones de aquellos que, al igual que Justo, han estado excavan do en los escombros. La necesidad de apoyo psicológico es inminente, y el equipo médico está en proceso de colaboración con organizacioness locales para abordar estos problemas de salud mental que, según ellos, son imprescindibles para la recuperación integral de los afectados.

Además de la atención primaria, el hospital japonés en Caraballeda también ha comenzado a operar, dengan un enfoque en la atención a las secuelas del terremoto. Con un equipo de médicos especializados, han realizado cientos de exámenes y tratamientos. El subdirector médico, Tomoki Nakamori, comentó acerca del dolor compartido que siente su equipo, teniendo en cuenta la experiencia de Japón con desastres similares. La empatía mostrada por estos profesionales internacionales resalta la importancia de la cooperación humanitaria para hacer frente a las necesidades urgentes de atención médica en épocas de crisis.

A medida que avanza la fase de respuesta a la emergencia, la OPS ha estimado una necesidad de $23.9 millones de dólares para mantener la atención de salud en el país. Con el creciente número de muertos y un considerable número de heridos, la comunidad internacional se enfrenta a un exigente desafío. El pronóstico evalúa la urgencia de atender no solo los problemas físicos, sino también las heridas emocionales que dejarán los sismos. Venezuela no solo necesita reconstruir infraestructuras, sino también apoyar a su población en el proceso de sanación y recuperación.