En Copán Ruinas, la respuesta de la familia de Raúl Cueva a los desafíos de la sequía ha dado lugar a una atracción que ha transformado un problema en una oportunidad. En 2020, la falta de agua amenazó su producción de leche, un pilar del negocio familiar, lo que obligó a la familia a reinventarse. Inicialmente, los girasoles se plantaron con el objetivo de alimentar a sus vacas, pero tras las devastadoras lluvias de Eta e Iota en noviembre, el cultivo se convirtió en una colorida alternativa que atrajo la atención de los turistas. En un giro inesperado, las flores empezaron a florecer en diciembre, justo a tiempo para aprovechar el interés de los visitantes durante la temporada festiva, cambiando así el enfoque de la familia hacia el ecoturismo y la hospitalidad en lugar de depender únicamente de la agricultura tradicional.

Desde la siembra de su primera parcela, el Paseo de los Girasoles ha evolucionado en un atractivo turístico que combina la belleza natural con la posibilidad de disfrutar de un restaurante y un café, así como actividades de equitación. Esta transformación ha permitido a la familia generar ingresos adicionales y ofrecer a los visitantes más que solo un lugar para tomar fotos. Los girasoles, que antes servían solo como alimento para el ganado, se han convertido en un símbolo de resiliencia y adaptación, brindando motivos para explorar y disfrutar de la vida rural. Cueva menciona que la introducción de este emprendimiento no solo les permitió diversificar su negocio, sino que también les ha dado mayor estabilidad económica al no depender completamente de las condiciones climáticas adversas.

El trabajo continuo y la planificación cuidadosa son esenciales para mantener la floración de los girasoles durante todo el año. En la actualidad, Cueva y su familia han organizado cinco hectáreas en ocho parcelas, cada una de las cuales alberga aproximadamente 7,000 plantas. Esto resulta en un impresionante total de alrededor de 56,000 girasoles, pero la clave para el éxito reside en la siembra escalonada, que les permite disfrutar de una floración continua. Desde abril de 2021, han cultivado cada 15 días, lo que garantiza que siempre haya flores en el campo, creando así un ciclo interminable de belleza que atrae a los visitantes de manera constante.

La atracción del Paseo de los Girasoles no solo se mide en la cantidad de flores, sino en el impacto que tiene en la comunidad. Según Cueva, cerca de 70,000 personas visitan anualmente el lugar, en su mayoría hondureños que buscan disfrutar de su entorno natural. Sin embargo, es importante destacar que las visitas no se traducen automáticamente en beneficios económicos, ya que el éxito financiero depende de diversos factores, incluyendo la operación del restaurante y los costos asociados al mantenimiento de los cultivos. Además, la familia está explorando nuevas oportunidades como la meliponicultura, que agrega una capa adicional de valor a su negocio, a la vez que fomenta la biodiversidad en el área.

La historia del Paseo de los Girasoles es un reflejo del espíritu de adaptación y supervivencia en una región que enfrenta retos climáticos. A medida que Copán Ruinas se prepara para conmemorar su rica herencia cultural con eventos programados hasta 2027, la familia de Cueva confía en que el interés por el turismo sostenible crecerá. La conexión entre el pasado maya y el presente hortícola de la granja refuerza la idea de que lo que crece en la tierra no solo es un medio de subsistencia, sino también una oportunidad para la comunidad local de compartir su historia y sus tradiciones. En última instancia, el éxito del Paseo de los Girasoles resalta la importancia de la innovación y la perseverancia en tiempos de cambio.