La fiebre de la inteligencia artificial y el auge de las redes ultrarrápidas han impulsado a las multinacionales tecnológicas a establecer colosales centros de datos en América Latina, donde los recursos ya son limitados. En este contexto, un reciente informe del Observatorio del Guardian destaca que la creciente demanda de recursos como el agua y la energía puede profundizar las presiones ambientales y acentuar las desigualdades sociales en la región. La construcción de grandes instalaciones para el procesamiento de datos se presenta como una promesa de empleos y progreso, pero también despierta preocupaciones sobre el impacto ambiental y el acceso equitativo a los recursos básicos.

En la polvorienta periferia de Caucaia, un municipio costero en el estado de Ceará, se planifica la creación de una de las granjas de servidores más grandes de América Latina. Las autoridades locales describen el proyecto como «oro digital» y afirman que generará miles de empleos. Sin embargo, la comunidad local, que aún recuerda las dificultades enfrentadas durante la sequía de 2015, guarda recelos. Aunque los funcionarios prometen beneficios económicos y modernización, las dudas persisten. Los vecinos temen que el consumo de agua por parte de los servidores afecte aún más la ya frágil seguridad hídrica de una región que ha declarado dieciséis emergencias por sequía en veintiún años.

El funcionamiento de los centros de datos modernos requiere enormes cantidades de agua para el enfriamiento de los servidores, un hecho que muchos residentes de Caucaia y otras localidades afectadas por la sequía consideran alarmante. Una investigación del Guardian revela que algunas instalaciones pueden consumir hasta veinte millones de litros de agua mensualmente, suficiente para llenar varias piscinas olímpicas. Este consumo despierta la preocupación de comunidades que ya enfrentan la escasez, que se preguntan si el agua de los nuevos complejos provendrá de las mismas tuberías comunitarias que utilizan. Activistas locales han comenzado a presionar al gobierno para que garantice la transparencia en la gestión del recurso hídrico, evidenciando así la creciente tensión entre el desarrollo económico y la necesidad de preservar el acceso al agua limpia.

La situación en Caucaia no es única, ya que otros municipios del noreste de Brasil están viviendo un aumento similar en la construcción de centros de datos a pesar de los altos niveles de sequía. La falta de transparencia en las evaluaciones de impacto ambiental ha llevado a los ciudadanos a exigir más información sobre el uso del agua. Sin embargo, los planes de contenido crítico son a menudo clasificados como «comercialmente confidenciales», lo que dificulta la formulación de argumentos para la protección de los recursos hídricos. Los ingenieros insisten en que los diseños más innovadores son más sostenibles, pero estos sistemas también presentan desafíos significativos en términos de fugas y dependencia de una red eléctrica estable.

América Latina se encuentra en una encrucijada entre el deseo de progreso digital y la necesidad urgente de gestionarse los recursos naturales de manera sostenible. A medida que se proyectan nuevos centros de datos, las localidades enfrentan un reto: ¿cómo satisfacer las demandas de una economía digital en expansión sin comprometer la seguridad hídrica y el bienestar de sus comunidades? Las soluciones propuestas, como plantas de desalinización o el uso de aguas residuales tratadas, requieren inversiones significativas y, sobre todo, tiempo. Sin embargo, ante la incertidumbre y las condiciones climáticas cambiantes, el dilema persiste, dejando a muchos preguntándose si estos colosos de la tecnología serán una fuente de prosperidad o una advertencia sobre los límites del crecimiento en una región que lucha por equilibrar crecimiento económico y sostenibilidad ambiental.