la clave de gabriel massuh bagno

En tiempos donde el emprendimiento parece sinónimo de innovación tecnológica, inteligencia artificial o plataformas digitales, mirar hacia lo cotidiano puede parecer una pérdida de tiempo. 

En un presente muchas veces ignorado, se esconden algunas de las oportunidades más rentables y estables del mundo empresarial. No todos los grandes negocios nacen del futuro: algunos nacen de entender profundamente lo que ya existe.

En esta línea, el empresario Gabriel Massuh ofrece un caso ejemplar. Su éxito no se construyó sobre una idea revolucionaria, sino sobre una necesidad básica: el consumo diario de fruta. 

En los años 90 tras llegar a Chile luego de estudiar en Estados Unidos y cuando todo apuntaba hacia la globalización y la sofisticación de servicios, él vio en el plátano, sin cultivo local, el inicio de un negocio robusto, replicable y rentable.

La clave para un negocio sólido

Uno de los errores más frecuentes entre emprendedores jóvenes es asumir que los grandes negocios están reservados para productos complejos, tecnológicos o de moda. 

Pero negocios como el de Gabriel Massuh demuestran que el verdadero diferencial no está en qué se vende, sino en cómo se gestiona.

Según el empresario, “la clave está en mirar el presente con otros ojos. Identificar qué procesos están desgastados, qué productos no tienen dueño claro, qué servicios son rutinarios pero esenciales”. 

Porque lo común no es mediocre, sino que en muchos casos es algo simplemente mal aprovechado.

La historia de Massuh enseña que muchas veces el negocio más rentable no es el más emocionante a primera vista, sino el más estable y mejor ejecutado. Emprender no siempre requiere saltar al vacío: a veces basta con observar mejor lo que otros dan por sentado.

Cuando todos están enfocados en adivinar el futuro, detenerse a entender el presente puede ser el acto más inteligente de todos. Y, como lo demostró Massuh, también el más rentable.

Una oportunidad que rinde frutos

Emprender muchas veces se asocia con inventar algo inédito. Pero la historia de Gabriel Massuh muestra que también se puede construir liderazgo al identificar procesos mal ejecutados, productos mal distribuidos o necesidades básicas poco atendidas.

Cuando Massuh llegó a Chile con 23 años y sin redes de contacto, vio algo que todos los demás también veían, pero que nadie estaba dispuesto a optimizar: el plátano. 

Era la fruta más consumida por los chilenos, pero debía importarse completamente. En vez de intentar cultivar lo incultivable, Massuh diseñó un modelo de negocio basado en eficiencia logística, control de calidad y cumplimiento sistemático.

Así nació Bagno, una empresa que comenzó importando plátanos desde Ecuador, y que hoy abastece a supermercados, ferias y restaurantes de todo Chile con frutas tropicales en óptimas condiciones. El mérito no estuvo en crear algo nuevo, sino en hacer algo conocido de una manera extraordinaria.

Invertir en lo ya existente, pero no resuelto del todo, tiene una ventaja crítica: es más fácil modelar su comportamiento. Productos de consumo masivo, de alta rotación y de demanda estable permiten una planificación financiera y operativa con menos incertidumbre. 

Esa estabilidad es un activo que pocos valoran en una época obsesionada con el crecimiento explosivo y las ansias por ser el nuevo “unicornio”

Massuh entendió que un producto cotidiano puede ser una plataforma comercial de largo plazo si se gestiona con visión. Su apuesta fue por la constancia más que por la disrupción, por la confiabilidad antes que por la novedad. Y esa apuesta sigue rindiendo frutos.