La administración del expresidente Donald Trump ha elogiado al gobierno de El Salvador, así como a Israel y Rusia, en su informe anual sobre derechos humanos correspondiente al año 2024, publicado el pasado 12 de agosto. Este informe, que ha llegado con varios meses de retraso, ha suscitado críticas por omitir secciones importantes que en años anteriores abordaron temas como la corrupción, las políticas de diversidad y los derechos del colectivo LGTBI. Destacado desde 1977, este análisis del Departamento de Estado se ha convertido en una herramienta crucial para que el Congreso estadounidense determine la asignación de ayuda exterior a diferentes naciones.

En lo que respecta a El Salvador, el informe señala que “no hubo informes creíbles de violaciones significativas de los derechos humanos”, revelando un giro notable en comparación con el documento de 2023 bajo la administración de Joe Biden, que sí reportó casos de tortura y condiciones penitenciarias deficientes. El Departamento de Estado también subraya que la violencia de pandillas ha disminuido drásticamente, atribuyendo este cambio al estado de excepción implementado por el presidente Nayib Bukele, quien se ha posicionado como un aliado cercano de Trump en la región.

El informe también presenta un análisis sobre Israel, que, aunque menciona la existencia de ejecuciones extrajudiciales de palestinos, aplaude al gobierno israelí por implementar medidas para responsabilizar a funcionarios implicados en abusos durante la ofensiva en Gaza. Se observa una notable falta de críticas que en años anteriores se habían dirigido a la reforma judicial de Benjamin Netanyahu, así como al caso de corrupción que le afecta. De modo similar, aunque se repiten las acusaciones sobre crímenes de guerra perpetrados por Rusia en Ucrania, la edición 2024 omite las referencias previas sobre abusos contra la comunidad LGTBI dentro del país.

Por el contrario, el informe arroja una luz crítica sobre la situación de derechos humanos en Brasil y Sudáfrica, enfatizando el deterioro de estas condiciones. En Brasil, se documenta un retroceso significativo coincidiendo con la controversia en torno al juicio al expresidente Jair Bolsonaro, mientras que en Sudáfrica se denuncia el deterioro de los derechos para la minoría blanca afrikáner a raíz de políticas de expropiación de tierras. En este contexto, el informe también señala que la situación en Venezuela ha empeorado drásticamente, especialmente luego de unas elecciones presidenciales marcadas por acusaciones de fraude.

El informe concluye con una evaluación negativa sobre la situación de derechos humanos en Nicaragua, que también se une a la lista de países mal considerados por Estados Unidos, con un énfasis en que la situación no presenta “cambios significativos”. Igualmente, Cuba se mantiene en el radar de las críticas del gobierno estadounidense, con el secretario de Estado Marco Rubio liderando las acusaciones. Esta variabilidad en la valoración de los derechos humanos, dependiendo de la relación política con el gobierno estadounidense, resalta la complejidad del panorama internacional en esta materia y el papel que juega la política exterior en la defensa de estos principios.