
En Chile, cada 11 de septiembre evoca un duelo profundo, recordando la sombra de un pasado marcado por la violencia y el fascismo. A más de cinco décadas de distancia, las heridas siguen abiertas y el país enfrenta una crisis sistémica que no solo es coyuntural, sino estructural. René Leal Hurtado, Doctor en Sociología, alerta sobre la fragmentación de la clase dirigente y la desconexión entre la sociedad política y civil, una descomposición que deja al Estado sin la base histórica necesaria para legitimar su autoridad. Estos fenómenos, que cristalizaron en el estallido social de octubre de 2019, demandan no solo una introspección sobre las políticas instauradas, sino un llamado urgente para construir un nuevo Estado de Bienestar que represente los intereses de las grandes mayorías, lejos de las recetas neoliberales que han prevalecido en las últimas décadas.
El contexto actual, caracterizado por la polarización y el auge de la ultraderecha, plantea un desafío formidable no solo para la izquierda política, sino para toda la sociedad chilena. La respuesta a esta amenaza no debería ser una repetición de las luchas del pasado, sino un esfuerzo colectivo que genere un nuevo relato político, uno que priorice la justicia social y la equidad. La propuesta del nuevo Estado de Bienestar se convierte en un imperativo para reconstruir la confianza en las instituciones y restablecer la cohesión social. La participación activa de los movimientos sociales es fundamental en este proceso, ya que su inclusión no solo fortalece la democracia, sino que garantiza que las reformas estén alineadas con las necesidades reales de la ciudadanía.
En este sentido, es crucial aprender de las experiencias de gobiernos anteriores. La gestión burocrática de las recetas neoliberales no ha sido efectiva para abordar las demandas de la población, y es hora de cambiar de rumbo. Leal Hurtado enfatiza la necesidad de una iniciativa que supere las limitaciones del pasado, desdibujando las fronteras del elitismo que han caracterizado a la política chilena por tanto tiempo. La unidad es esencial; por lo tanto, se reiteran las voces que abogan por la creación de un bloque nacional-popular, capaz de responder a los escandalosos niveles de desigualdad que Marcan el presente del país. Cualquier esfuerzo reformista debe ser inclusivo y tener como pilar la equidad.
Paralelamente, la referencia a Keynes y sus postulados sobre la reforma del capitalismo resuena con gran vigencia en la discusión actual. Esto no implica una supresión del sistema capitalista, sino la necesidad de intervenir en sus dinámicas para garantizar que beneficie a las mayorías. El desafío consiste en regular los excesos del capitalismo, transformando un sistema que, a pesar de sus contradicciones, puede generar progreso a partir de la voluntad colectiva. En este sentido, el legado de Keynes resalta la importancia de un Estado que intervenga activamente para asegurar mejoras sustanciales en la calidad de vida de la población, priorizando siempre los principios de la justicia social.
Finalmente, el llamado a dejar atrás el neoliberalismo no es solo un manifesto político, sino una exigencia de nuestra propia realidad. Si queremos frenar el avance del fascismo y construir un futuro sostenible y justo para todos, es esencial dar la bienvenida a un verdadero Estado de Bienestar. Las reformas propostas no deben limitarse a ser medidas punitivas o correctivas, sino que deben estar enraizadas en la esperanza de un futuro más equitativo y solidario. Este es el reto que enfrenta Chile en su búsqueda por sanar las heridas del pasado y forjar un camino progresista que valore la dignidad de todas las personas.
