
El pasado sábado 13 de diciembre, la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI) celebró un evento significativo en conmemoración de los 50 años de El Sistema de Orquestas Venezolano, un programa que ha transformado la vida de miles de niños en América Latina a través de la música. La actividad reunió a cerca de 90 niños, niñas y jóvenes migrantes que forman parte de las orquestas a lo largo del país, poniendo de manifiesto el poder integrador de la música en la construcción de la comunidad. El evento fue liderado por Pablo Aranda, compositor y director ejecutivo de FOJI, quien destacó el impacto positivo que la música tiene al unir a personas de diversas nacionalidades en un ambiente de respeto y convivencia.
Durante la celebración, la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana (OSEM) ofreció una interpretación de ‘Oblivion’, del famoso compositor argentino Astor Piazzolla, que resonó con la diversidad cultural presente en el evento. Además, los participantes pudieron disfrutar de una muestra gastronómica con platillos típicos de los diversos países de origen de los niños y jóvenes, fomentando así un espacio de integración y enriquecimiento cultural. Este intercambio no solo fortaleció la idea de comunidad, sino que también ofreció un espacio seguro donde migrantes y chilenos pudieron compartir experiencias y tradiciones.
Sebastián Palacios, concertino de la OSEM y migrante venezolano, reflexionó sobre la importancia de estas actividades para su crecimiento personal y cultural. Al expresar su gratitud, mencionó cómo estos encuentros musicales enriquecen no solo el repertorio de los jóvenes músicos, sino también su conexión como personas. Palacios destacó que, gracias a la música, se está logrando una mayor empatía y unión entre los miembros de la orquesta, mostrando cómo el arte puede ser un medio poderoso para construir lazos significativos entre individuos de diversas trayectorias.
Por otra parte, Orlanny Arismendi, también violinista de la OSEM, resaltó que participar en actividades como estas permite a los jóvenes migrantes conocer y compartir realidades culturales diversas. Para ella, la música actúa como un lenguaje universal que une a países como Chile y Venezuela, facilitando la comunicación y comprensión entre personas de distintos orígenes. Al manifestar su creencia en el poder del arte, Arismendi afirmó que la música no solo enriquece a los artistas, sino que también puede ser una vía para mostrar la belleza de las diferentes culturas que coexisten en Latinoamérica.
A través de su labor, FOJI reafirma su compromiso con la integración cultural y el desarrollo personal de los jóvenes. Su enfoque en la musicoterapia y espacios de convivencia resalta la importancia de crear un entorno donde las diferencias sean celebradas y la diversidad se convierta en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento colectivo. Con el respaldo del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, FOJI continúa su misión de mejorar la calidad de vida de niños y jóvenes en Chile, brindándoles acceso a la música y promoviendo una experiencia educativa inclusiva y enriquecedora. Para más información sobre sus actividades y programas, los interesados pueden visitar su sitio web www.foji.cl.
