Desde que era niño, Ethan Kross ha sido un observador atento de las emociones humanas y de las a menudo ineficaces maneras en que las personas lidian con sus sentimientos difíciles. En sus propias palabras, él ha visto cómo las personas «vamos a los tumbos, encontrando ocasionalmente una solución accidental» a nuestras luchas emocionales. Esta perspectiva lo llevó a convertirse en psicólogo en la Universidad de Michigan, donde dirige el Laboratorio de Emociones y Autocontrol. Ahora, Kross busca cambiar nuestra relación con las emociones a través de su nuevo libro, «Shift: How to Manage Your Emotions So They Don’t Manage You». A través de su obra, propone equiparnos con herramientas prácticas para enfrentar nuestros altibajos emocionales de manera más efectiva y constructiva.

Uno de los puntos clave que Kross destaca es la necesidad de reexaminar nuestra visión sobre las emociones. Muchas personas creen erróneamente que las emociones pueden clasificarse como «buenas» o «malas». Sin embargo, Kross argumenta que todas las emociones, incluidas aquellas que consideramos negativas, tienen un propósito. Por ejemplo, la tristeza puede impulsar la reflexión y el crecimiento personal, mientras que la ira puede motivar a luchar contra injusticias. En este sentido, él enfatiza que en proporciones adecuadas, todas las emociones son útiles y necesarias para una vida equilibrada. Este cambio de perspectiva podría ser liberador para quienes buscan una vida sin negatividad, recordándoles que más que evitar las emociones difíciles, la meta debería ser aprender a gestionarlas.

En relación a la gestión de emociones, Kross introduce el concepto del dolor físico como una analogía. A partir de su experiencia, destaca que algunas personas nacen incapaces de sentir dolor físico y, paradójicamente, estas personas a menudo enfrentan consecuencias fatales. Kross utiliza esta metáfora para subrayar que todas las emociones, incluso las consideradas dolorosas, cumplen un rol esencial en nuestra vida. A veces, los métodos comunes de evitar o suprimir emociones pueden resultar ineficaces. Sin embargo, Kross defiende una mayor flexibilidad al afrontar nuestras emociones, sugiriendo que hay momentos en que la evasión puede ser una herramienta beneficiosa, siempre que no se convierta en el enfoque principal.

El libro de Kross no solo se centra en comprender las emociones, sino también en ofrecer estrategias prácticas para manejarlas. En esta línea, menciona el uso de la música como una de las herramientas más infrautilizadas para cambiar nuestro estado de ánimo. A pesar de que la mayoría de las personas disfruta de la música por el placer que les brinda, pocos la recurren como herramienta en momentos de angustia emocional. Esta revelación resalta la importancia de ser conscientes de nuestras respuestas emocionales y de utilizar herramientas a nuestra disposición de manera más deliberada y estratégica en nuestra vida diaria, lo que abre la puerta a un enfoque más proactivo en la gestión de las emociones difíciles.

Finalmente, Kross destaca la importancia de crear espacios seguros y «oasis emocionales» en nuestra vida. Estos son lugares o entornos con los cuales tenemos asociaciones positivas, que nos ayudan a gestionar nuestras emociones de manera efectiva. Según Kross, hasta las fotografías de seres queridos pueden impulsar nuestra resiliencia emocional. En un mundo donde las comparaciones sociales pueden desgastarnos, el enfoque del experto recalca el valor de usar estas herramientas y alteraciones en nuestro entorno a favor de nuestro bienestar emocional. En resumen, Kross nos anima a no solo aceptar nuestras emociones, sino a ser activos en la búsqueda de estrategias que nos permitan vivir de manera más consciente y plena.