
En un contexto global marcado por la inestabilidad y la violencia, resulta imperativo que las fuerzas progresistas, humanistas y de izquierda se movilicen para exigir un cambio significativo en la política internacional. Los recientes acontecimientos en diversas partes del mundo han demostrado que la guerra y los conflictos armados no solo amenazan la vida de millones de personas, sino que también socavan el progreso hacia sociedades más justas y pacíficas. Este llamado a la acción se traduce en la necesidad de organizar marchas, protestas y actividades en diferentes espacios para alzar la voz por la paz y la dignidad de todos los pueblos.
Particularmente en Chile, la ciudadanía está trabajando para articular un movimiento que abogue no solo por la paz mundial, sino que también demande el cese de toda intervención militar extranjera en Latinoamérica. El clamor para retirar cualquier base o unidad militar de potencias extranjeras en nuestro suelo va acompañado de un rechazo contundente hacia organismos como la OTAN, que han sido percibidos como instrumentos de agresión y control. Las organizaciones sociales están instando a la población a participar activamente en esta lucha, recordando que la soberanía nacional debe prevalecer ante los intereses de potencias que han ejecutado actos de genocidio y violaciones de derechos humanos.
La movilización ciudadana se convierte en una herramienta esencial para expresar el rechazo a las alianzas militares que ponen en riesgo la paz y la estabilidad de la región. Las jerarquías de poder deben escuchar el llamado del pueblo, que ya ha mostrado su fuerza en las inmensas marchas a favor del pueblo palestino, donde la población ha exigido no sólo respeto por la soberanía, sino también por el derecho internacional. Cada acción colectiva refuerza la convicción de que la paz es una tarea conjunta, donde las voces de jóvenes, mujeres, trabajadores y artistas son fundamentales.
Además, es crucial que los partidos políticos tomen una posición clara y comprometida respecto a estos temas. La colaboración con la ciudadanía debe ser una prioridad, donde se fomente un diálogo abierto sobre la política exterior y el compromiso por una Latinoamérica libre de armas nucleares. Este enfoque no solo revitaliza las bases democráticas, sino que también genera un consenso necesario frente a los desafíos geopolíticos que amenazan la región. Abandonar la pasividad es crucial; cada movilización, cada voz levantada, puede marcar la diferencia en la búsqueda de un futuro más pacífico.
En conclusión, la urgencia de la situación mundial llama a la acción. La movilización por la paz debe ser contundente, inclusiva y diversa, haciendo eco de las aspiraciones de todos los sectores de la sociedad. Activar a los jóvenes, a las mujeres y a los trabajadores es esencial para crear un frente unido que exija no solo el fin de las guerras, sino un compromiso real hacia el respeto de la vida y la dignidad humana. La historia se escribe en cada paso que damos; es momento de ser protagonistas en la lucha por un futuro mejor.
