Sandro Castro, nieto del exdictador cubano Fidel Castro, ha lanzado una contundente crítica a la actual situación económica de Cuba, afirmando que “la mayoría de los cubanos quieren ser capitalistas, no comunistas”. En una entrevista reciente con CNN, el joven empresario y propietario de un club nocturno reveló una creciente inclinación entre los cubanos hacia modelos económicos más abiertos, resaltando un cambio de mentalidad que, según él, se está consolidando en la población. Castro sostiene que hay un notable deseo de practicar el capitalismo, siempre y cuando se mantenga la soberanía del país, marcando así un punto de inflexión en el debate sobre el futuro económico de la isla.

Durante la entrevista, Castro no escatimó en criticar la gestión del actual líder cubano, Miguel Díaz-Canel, sugiriendo que su rendimiento no ha sido satisfactorio. «No diría que está haciendo un buen trabajo. Para mí, no está haciendo un buen trabajo», declaró enfáticamente. Esta crítica proviene de un análisis personal de la situación interna en Cuba, donde Castro describe dificultades cotidianas severas que enfrentan los ciudadanos, como la falta de electricidad y agua, así como la escasez de productos esenciales. «Se sufren miles de problemas. Es muy duro, realmente duro», expresó, subrayando así la urgencia de cambios estructurales en el sistema político y económico.

En su llamado a la reforma, Castro propuso la eliminación de la burocracia y una apertura del modelo económico como medidas urgentes para enfrentar la crisis que vive Cuba. Afirmó verse a sí mismo como “un revolucionario de ideas, de progreso, de cambio”, lo que contrasta con la política de continuidad sostenida por el Gobierno. Además, aunque reconoce ciertos logros del legado de su abuelo y de Raúl Castro, evitó emitir juicios categóricos sobre la mejora de la calidad de vida en la isla tras la revolución, citando que nació después de 1959 y, por lo tanto, no tiene una perspectiva completa para juzgar el pasado.

Castro también reconoció que sus críticas y publicaciones en redes sociales, a menudo acompañadas de contenidos humorísticos, han generado tensiones con las autoridades cubanas. Compartió que fue citado por la Seguridad del Estado, aunque fue liberado tras recibir una advertencia. A pesar de esta situación, su figura ha ganado notoriedad en las plataformas digitales, donde ha acumulado miles de seguidores. Castro utiliza este espacio para reflejar el descontento social y visibilizar una realidad que, según él, lo afecta directamente, insistiendo en que sus mensajes no buscan incitar a la violencia, sino abrir un diálogo sobre la difícil situación que viven los cubanos.

Las contundentes declaraciones de Sandro Castro ocurren en un contexto crítico en Cuba, donde la economía está bajo una creciente presión, caracterizada por apagones recurrentes, escasez de productos básicos y un deterioro sostenido de las condiciones de vida. En medio de este panorama, la figura del nieto del líder revolucionario emerge como una voz disidente que aboga por un cambio en el enfoque del modelo económico y político, planteando la necesidad de escuchar los anhelos de la población en un momento en que la isla atraviesa retos sin precedentes.