Las persistentes lluvias que azotan el estado de Río Grande do Sul, en Brasil, han desencadenado una tragedia sin precedentes, con un saldo de 67 personas fallecidas y al menos 101 desaparecidas, según informes de la Defensa Nacional. La región sureña se encuentra en estado de emergencia, con cerca de 70 mil desplazados y más de un millón de hogares sin acceso al suministro de agua potable.

Las devastadoras tormentas han afectado a más de 260 ciudades en la zona, desencadenando deslizamientos de tierra que han ocasionado el colapso parcial de una central hidroeléctrica local. Además, las precipitaciones han provocado cortes de carreteras y la destrucción de puentes, obstaculizando las labores de rescate y asistencia en el estado, que limita con Uruguay y Argentina.

En la capital del estado, Porto Alegre, la situación alcanzó su punto crítico con el desbordamiento del río Guiaba. Las autoridades locales se vieron obligadas a suspender indefinidamente las operaciones en el aeropuerto internacional de la ciudad debido a los graves inconvenientes causados por las intensas lluvias.

El presidente de Brasil, en un mensaje de solidaridad, expresó su profundo pesar por las pérdidas humanas y materiales ocasionadas por esta catástrofe natural, asegurando que se están desplegando todos los recursos disponibles para brindar ayuda a las comunidades afectadas.

El estado de Río Grande do Sul enfrenta ahora el desafío de la reconstrucción y la atención a los damnificados, mientras las autoridades intensifican los esfuerzos de rescate en medio de las difíciles condiciones climáticas que persisten en la región.