Con un tono de reflexión y crítica, Luis Emilio Recabarren, fundador de la Federación Obrera de Chile y del Partido Comunista, alza su voz en contra de la superficialidad de las celebraciones patrias en el contexto del 18 de septiembre. Recabarren interroga a la sociedad chilena, desafiando la narrativa prevalente que sostiene que la independencia del país fue un triunfo para todos. Para él, es evidente que el pueblo proletario no tiene motivos para celebrar un proceso histórico que, según su análisis, beneficiaba exclusivamente a los ricos. Esta noción de independencia, a menudo celebrada con fervor, diluye la realidad de la opresión que sigue padeciendo la clase trabajadora.

En sus palabras, Recabarren pone de manifiesto la contradicción en el discurso sobre la libertad y la emancipación. Señala que la clase proletaria, lejos de haberse liberado con los eventos de 1810, sigue enfrentando condiciones de vida que la condenan a la miseria y la falta de derechos. El autor enfatiza que los verdaderos emancipadores fueron los ricos, quienes se beneficiaron de la sangre y el esfuerzo de los pobres. Esta crítica pone en tela de juicio el sentido común de las festividades patrias y convierte la bandera de la independencia en un símbolo de la opresión de una clase sobre otra.

A medida que Recabarren despliega su crítica, destaca el problema del gobierno de los nuevos ricos que, tras la independencia, se apoderaron de las riendas del país. A su juicio, los taxistas de su tiempo se mantenían en un ciclo de explotación. Con un estado de las contribuciones que se disparan, Recabarren señala que los frutos del trabajo del pueblo proletario son malgastados en beneficio de los privilegiados. Para él, esta dinámica ha convertido la independencia en una trampa que perpetúa la desigualdad y la injusticia, haciendo que cada celebración sea un recordatorio de la opresión constante que sufren los trabajadores.

Además de su crítica a la hipocresía de las celebraciones patrias, Recabarren advierte sobre el peligro de participar en actos que desdibujan la lucha de clases. En su opinión, la ilusión de unidad en días festivos contribuye a una atmósfera de olvido sobre las realidades que enfrenta la clase proletaria. Esta celebración sirve, en cierta medida, para que los ricos perpetúen su dominio, y el pueblo, por su parte, pierde perspectiva sobre la lucha por sus derechos. Recabarren llama a la conciencia crítica y a la necesidad de una genuina emancipación que solo puede lograrse con la movilización y la organización del proletariado.

Finalmente, Recabarren plantea una pregunta provocadora sobre la verdadera libertad y la patria del pueblo trabajador. Sin propiedad, sin derechos, y constantemente asediados por un marco legal que favorece a las élites, los proletarios se ven atrapados en un ciclo de opresión. Este cuestionamiento sirve como un llamado a la acción para que los trabajadores de Chile se unan en la lucha por sus derechos y por una verdadera independencia que trascienda las celebraciones vacías. En este sentido, su crítica no es solo a la conmemoración del 18 de septiembre, sino a un sistema que aún no ha logrado la emancipación del verdadero pueblo.