En el debate actual sobre vivienda y medio ambiente en Chile, surge una contraposición ideológica que propone un enfrentamiento entre las «personas» y el «medio ambiente». Esta visión simplista, según afirman expertos como el futuro ministro de Vivienda, Iván Poduje, fomenta una falsa dicotomía que, de hecho, deslegitima el conocimiento científico y la planificación territorial. En lugar de promover un diálogo constructivo entre el desarrollo habitacional y la protección de los ecosistemas, esta postura reduce la política pública a meros litigios legales y demostraciones de fuerza administrativa, dejando de lado el bienestar integral de la población y su entorno natural.

La necesidad de desarrollar una política de vivienda con un sentido humano es urgente, pero no puede ser alcanzada a expensas de la naturaleza. Como señala Daniel Jadue, la reconciliación entre las personas y su entorno es clave para lograr una planificación real que incluya la evaluación de riesgos y la protección de los ecosistemas críticos. En vez de buscar soluciones rápidas, que muchas veces son inseguras y costosas en el largo plazo, es fundamental implementar proyectos urbanísticos que respeten la ubicación de humedales, bosques y áreas naturales. Este enfoque garantiza la seguridad y la sustentabilidad de las comunidades.

La historia ha demostrado que construir vivienda en zonas de riesgo, como cauces de ríos o terrenos inestables, no prioriza a las personas, sino que las expone a peligros constantes. La experiencia en Chile y a nivel global resalta las tragedias que surgen de decisiones apresuradas, ya que el cumplimiento de metas de vivienda, sin la debida consideración del entorno, a menudo resulta en la creación de áreas vulnerables a desastres naturales. En este sentido, la planificación no puede ser un mero cumplimiento de requerimientos, sino una acción consciente que contemple la relación entre la población y su hábitat.

La crítica a las políticas públicas contemporáneas también se basa en la falta de comprensión del metabolismo entre la sociedad y la naturaleza, un concepto enfatizado por Marx en sus obras. Ignorar este equilibrio no solo perjudica el medio ambiente, sino que las consecuencia impactan directamente en la vida de las personas. La urbanización indiscriminada, en busca de una solución rápida, puede llevar a decisiones que terminan en el desplazamiento de comunidades enteras, perpetuando así un ciclo de crisis y relocalización. No se trata únicamente de construir viviendas, sino de hacerlo de manera que realmente respete el entorno.

Por último, reconstruir respetando a la naturaleza se convierte en un imperativo, no una contradicción con la urgencia de vivienda. La llamada a la responsabilidad histórica radica en la necesidad de crear un futuro donde las casas no sean la próxima emergencia. En el contexto chileno actual, debemos cuestionar el relato de que el desarrollo humano depende del sacrificio del medio ambiente. Al contrario, la verdadera libertad reside en la capacidad de vivir en armonía con nuestro «cuerpo inorgánico», reconociendo que la salud del planeta es, en última instancia, la salud de nuestra propia existencia, lo que implica que el costo de sacrificar la naturaleza recae siempre sobre el bienestar del ser humano.