En el sur de Arizona, el espíritu emprendedor de dos hermanas mexicoamericanas, Vanessa Gallego Luján y Bélgica Macías, brilla a través de su empresa familiar, Recyco, que ha crecido a lo largo de más de cuatro décadas desde sus humildes comienzos. Fundada por sus padres, Marco y Olga Gallego, inmigrantes de Sonora, la empresa ha pasado de ser considerada como una simple recolección de basura a convertirse en una operación vital que procesa hasta 6,000 toneladas de materiales reciclables anualmente en Tucson. Este cambio no sólo refleja el éxito empresarial, sino también un cambio cultural que valora lo que antes se veía como trabajos indeseables, estableciendo un nuevo estándar de dignidad en la industria del reciclaje.
El progreso de Recyco no sólo se mide en toneladas procesadas, sino también en cómo las hermanas han desafiado las expectativas de género en un sector históricamente dominado por hombres. Vanesa y Bélgica enfrentan con orgullo la incredulidad de quienes se sorprenden al ver que son mujeres las propietarias de una empresa de reciclaje. «Es un trabajo constante, no glamuroso», afirma Bélgica Macías, resaltando la persistencia y la dedicación necesaria para operar en una industria que continúa siendo subestimada. Este cuestionamiento de las expectativas de género va más allá del reciclaje, abriendo un diálogo sobre quién se considera apropiado para asumir roles de liderazgo.
Las hermanas han convertido el patio donde jugaban de niñas en un símbolo de trabajo comunitario y empoderamiento. En lugar de una mera instalación de reciclaje, Recyco se ha transformado en un punto de encuentro donde la comunidad interactúa, aprende sobre reciclaje y estrecha lazos. Además, a través de programas educativos en escuelas locales, fomentan el reciclaje entre las generaciones más jóvenes, donde a menudo son los niños quienes educan a sus padres sobre prácticas sostenibles. Esta dinámica familiar y comunitaria resuena profundamente, ya que crean un ciclo de aprendizaje que refuerza la importancia del reciclaje en su comunidad.
A medida que Recyco sigue creciendo, también lo hace su influencia en la comunidad local. Las hermanas se involucran en eventos comunitarios como el Día de la Tierra, donde no solo promueven la conciencia ambiental, sino que también trabajan para mejorar la calidad de vida de sus vecinos. Macías menciona con orgullo el impacto positivo que han tenido en personas individuales, como una mujer que ha alcanzado la independencia financiera al aumentar sus ingresos a través del reciclaje. Estas historias de transformación son el fundamento de la filosofía de Recyco: hacer del reciclaje una herramienta para el empoderamiento económico y ambiental.
El legado de las fundadoras de Recyco no solo vive en el actual éxito de la empresa, sino en su reconocimiento por autoridades como la alcaldesa de Tucson y la gobernadora de Arizona. Cada cheque que expiden, cada tonelada de material reciclado, no sólo representa el funcionamiento de una empresa, sino también el esfuerzo de un grupo que ha sabido convertir lo que antes era despreciado en un pilar esencial de la infraestructura comunitaria. Recyco se erige hoy como un modelo a seguir, donde el trabajo en el reciclaje se convierte en un acto de dignidad en medio del polvo y el metal, y un claro recordatorio de que la esencia del verdadero progreso se encuentra a menudo en los lugares menos esperados.
