En una reciente entrevista, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, expresó que el país no teme a una posible guerra con Estados Unidos, a pesar de las constantes amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump. Díaz-Canel afirmó con firmeza: “No queremos una guerra, pero tampoco le tenemos miedo”, subrayando que su administración está tomando medidas para estar preparados ante cualquier eventualidad. Estas declaraciones se produjeron en un contexto de creciente tensión entre ambos países, reflejando el descontento cubano hacia la retórica agresiva de Washington.

Durante su intervención, Díaz-Canel denunció lo que considera una «estrategia de intoxicación mediática y guerra psicológica» por parte del gobierno estadounidense, que busca intimidar a los cubanos. El presidente cubano calificó de «atrocidad y afrenta» la situación en la que su país se encuentra bajo el constante bombardeo verbal de amenazas, y reafirmó la postura pacifista de Cuba, indicando que la nación caribeña no representa una amenaza para nadie en el mundo, sino que más bien ofrece solidaridad a otras naciones.

Estos comentarios surgen en medio de un contexto de sanciones económicas que Estados Unidos ha impuesto recientemente sobre la cúpula política de La Habana, lo cual ha aumentado la presión sobre el gobierno cubano y ha tenido repercusiones significativas en la vida diaria de los ciudadanos. Díaz-Canel remarcó que la Administración de Trump ha difundido «muchas mentiras» con el fin de manipular la opinión pública internacional y justificar su agresiva política de bloqueo, justo en el periodo en que Cuba enfrenta una grave crisis energética que afecta a la población.

Como respuesta a las crecientes dificultades económicas y a la lucha constante contra el bloqueo, el gobierno cubano ha solicitado a la Asamblea General de la ONU una sesión especial para debatir sobre el impacto negativo de las sanciones impuestas por Estados Unidos. La fecha tentativa de la reunión es el 7 de julio en Nueva York, lo que demuestra la voluntad de Cuba de llevar su caso ante la comunidad internacional y resaltar las injusticias del bloqueo a su economía y soberanía.

Finalmente, al ser cuestionado sobre las amenazas de Trump y las intervenciones estadounidenses en otros países latinoamericanos, como Venezuela e Irán, Díaz-Canel se mostró resuelto a defender la independencia y soberanía de Cuba. Con una contundente declaración, afirmó que está dispuesto a luchar «hasta la última gota de sangre» por los derechos del pueblo cubano, reafirmando su compromiso con la resistencia y la autodeterminación de la nación frente a cualquier agresión externa.