Ariadna Pinto, una joven de 20 años, falleció el sábado 10 de mayo tras meses de deterioro físico que sufrió durante su encarcelamiento en Venezuela, según denunció el Comité por la Libertad de los Presos Políticos. Detenida tras las protestas poselectorales del 28 de julio en 2024, su caso ha sido emblemático de la represión del régimen de Nicolás Maduro, que ha llevado a muchos a cuestionar las condiciones de los derechos humanos en el país. «Ariadna no murió solo por complicaciones médicas, sino por la indiferencia de un sistema que persigue, encarcela y abandona», expresó el Comité en un comunicado en su cuenta de X, calificando su muerte como una trágica consecuencia de la criminalización de la protesta en el país sudamericano.

La detención de Pinto se produjo el 1 de agosto de 2024 en Tinaquillo, estado Cojedes, después de que una dirigente del oficialismo la denunciara acusándola de incitación al odio y terrorismo. Durante su encarcelamiento, la salud de Ariadna se deterioró significativamente, a pesar de que padecía diabetes tipo I desde los 10 años y había sido diagnosticada con hipertensión poco antes de su arresto. El Comité informó que durante su reclusión fue hospitalizada en múltiples ocasiones debido a descompensaciones severas, siendo devuelta al CICPC sin un tratamiento adecuado, lo que agravó su ya precaria salud.

El 12 de agosto, apenas días después de su arresto, Pinto fue ingresada en el Hospital Joaquina de Rotondaro por hiperglicemia grave y nuevamente fue hospitalizada el 1 de septiembre con niveles de glicemia alarmantes. Aunque logró ser liberada el 7 de diciembre tras una intensa campaña pública liderada por su madre y organizaciones de derechos humanos, su estado no mejoró. Se le diagnosticó insuficiencia renal crónica en febrero de 2025, una condición que probablemente se desarrolló a causa de la falta de atención médica adecuada durante su detención. Su salud continuó deteriorándose, lo que culminó en su hospitalización el 27 de abril debido a una crisis crítica.

El fallecimiento de Ariadna Pinto se produce en un contexto alarmante de represión y violaciones de derechos humanos en Venezuela, un país donde muchas voces han sido silenciadas y perseguidas. El Comité por la Libertad de los Presos Políticos ha denunciado que otros detenidos, como Amado Ramón Villega y Freddy José Flores Acosta, sufren condiciones similares en cárceles del país, lo que representa un claro peligro de que su historia se repita. «Su historia no puede repetirse. Es símbolo del sufrimiento que enfrentan los presos políticos enfermos en Venezuela», declaró el Comité, exigiendo justicia y atención integral para los presos.

La indignación por la muerte de Ariadna Pinto ha resonado en diversas plataformas, y junto a su caso, las familias de otros detenidos políticos están pidiendo medidas urgentes para evitar más tragedias. La comunidad internacional, y especialmente organismos de derechos humanos, están comenzando a mirar hacia Venezuela, presionando al régimen para que rinda cuentas sobre la situación de los derechos humanos en el país. La lucha por la justicia y la dignidad de los presos políticos sigue siendo un clamor en un país donde la represión se ha vuelto parte de la normalidad diaria.