A medida que se acercan las elecciones presidenciales en Perú, el clima político se torna cada vez más tenso y polarizado. Con 36 candidatos compitiendo por la presidencia, la sensación de desconfianza se hace palpable entre los ciudadanos. Según Gustavo Espinoza M., periodista de “Nuestra Bandera”, no parece haber un candidato que ofrezca un cambio real y significativo que rompa con la rutina de corrupción y desilusión que ha marcado la política peruana en los últimos años. Las encuestas reflejan esta inquietud, mostrando un elevado porcentaje de indecisos, lo que indica que los votantes no encuentran en la oferta política a alguien digno de su confianza, a pesar de su firme decisión de expresar su rechazo hacia ciertos candidatos.

Uno de los elementos más preocupantes en este proceso electoral es el contexto de violencia que enfrenta el país. La violencia no solo ha tomado la forma de delitos comunes, sino que se ha institucionalizado, generando un ambiente de miedo generalizado. El sicariato, las extorsiones y la impunidad son temas que pocos candidatos han abordado en sus programas, ignorando la cruda realidad que vive la población. La historia reciente del Perú ha estado marcada por el terrorismo y ahora, los nuevos enemigos son bandas criminales que actúan con impunidad, lo que provoca que el electorado busque candidatos que se presenten como “salvadores” mientras el crimen sigue en aumento.

En los debates electorales, los candidatos han presentado propuestas sorprendentes que levantan más preguntas que respuestas. Por ejemplo, Rafael López Aliaga propuso reducir el número de ministerios, lo que, según críticos, implicaría el despido masivo de empleados públicos. La reducción de la burocracia puede ser un objetivo loable, pero la falta de un plan claro para manejar las repercusiones sociales pone en evidencia la superficialidad de algunas propuestas. Del mismo modo, Ronald Atencio, con su llamado a crear un ‘‘Escuadrón de Aniquilamiento’’, ha suscitado alarma por la normalización de políticas violentas y el uso de la fuerza desmedida, olvidando que la solución a la criminalidad no radica en la eliminación de seres humanos, sino en abordar las raíces del problema.

La política exterior, un tema crucial para el futuro del Perú, ha quedado relegada en las discusiones electorales. Muchos candidatos evitan pronunciarse sobre conflictos internacionales que afectan al país, como la situación en Venezuela o la política de bloqueo hacia Cuba. En este sentido, algunos de ellos parecen alinearse con posturas de servilismo hacia potencias extranjeras, demostrando un alarmante desconocimiento sobre la soberanía y los derechos del pueblo peruano. Difícilmente se podrá construir un futuro próspero si los líderes que emergen de estas elecciones carecen de una entendimiento claro de la importancia de la independencia y la dignidad nacional.

En este contexto desalentador, es esencial que el electorado mantenga una postura crítica. La historia ha demostrado que el cambio verdadero no proviene de los mismos actores que han perpetuado el sistema actual, sino de una participación activa y responsable de la ciudadanía en el proceso electoral. Es crucial que en la primera vuelta se priorice la eliminación de aquellos que representan a la Mafia y que aquellos candidatos que se presentan con un rostro renovador, pero vacíos en contenido, sean desechados. El pueblo peruano tiene memoria y debe usarla para construir un futuro donde la paz, la justicia y la verdadera democracia sean la bandera que guíe al país hacia un nuevo amanecer.