
Iniciar finalmente las obras en su casa fue una victoria para Merced y Petrucio Guimarães dos Anjos, un evento que marcó el 8 de enero de 1996 como el inicio de un sueño largamente anhelado. Al observar a los albañiles cavar los huecos para las columnas que sostendrían la segunda planta de su hogar familiar, pensaron en el espacio que tanto necesitaban para que sus tres hijas pequeñas pudieran jugar libremente. Sin embargo, el ambiente festivo se transformó abruptamente durante la hora del almuerzo, cuando el señor José, uno de los trabajadores, hizo un descubrimiento inquietante: huesos de perro, al menos eso pensaba él. Merced, intrigada, se acercó a investigar y descubrió que no se trataban de huesos caninos, sino humanos. Este hallazgo inusitado no solo cambiaría su vida, sino que abriría una ventana a la historia oculta de la zona portuaria de Río de Janeiro.
El descubrimiento del esqueleto confirmó algo inesperado: su casa estaba construida sobre un antiguo cementerio. Al comienzo, las especulaciones de Merced y su familia variaban desde la posibilidad de que los antiguos propietarios hubieran sido asesinos a sangre fría, hasta imaginerías más terribles. Fue entonces cuando un vecino les mostró un viejo mapa que revelaba la ubicación de un cementerio conocido como el de Pretos Novos, donde se estima que fueron enterradas cerca de 40,000 personas esclavizadas entre 1770 y 1830. Merced se dio cuenta de que había descubierto un lugar de significado trágico, con un pasado que había permanecido oculto la mayor parte de su vida en el puerto, donde había crecido.
Gracias a la posterior investigación sobre la historia del muelle de Valongo, se reveló la conexión entre la zona portuaria y la trata de personas esclavizadas en Brasil. De hecho, un informe reciente ha revelado que alrededor de un millón de africanos fueron traídos a este muelle antes de su cierre en 1831. Esta revelación coincidió con la declaración por parte de la UNESCO del muelle de Valongo como Patrimonio de la Humanidad en 2017, lo cual ha fomentado una mayor conciencia sobre la historia de la esclavitud en este país. Sin embargo, todo esto fue desconocido para Merced y su familia en los primeros años de su proyecto de remodelación.
La historia de la familia Guimarães dos Anjos dio un giro significativo cuando comenzaron a abrir su casa al público, conmemorando días como el Día de la Conciencia Negra y el aniversario del descubrimiento. Se formó el Instituto de Investigación y Memoria Pretos Novos (IPN) en 2005, convirtiendo lo que solía ser su garaje en un memorial que alberga una exposición permanente sobre la esclavitud y su legado. Merced, quien ahora dedicaba su vida al instituto, se propuso educar y preservar la memoria de un pasado que cada vez es más relevante en la actualidad, recibiendo visitas de escolares y turistas interesados en aprender sobre la historia africana en Brasil.
A lo largo de 21 años, el IPN ha crecido en su misión de preservar la memoria de las personas esclavizadas y educar sobre la historia de la diáspora africana. Recientemente, Merced ha trabajado arduamente en la ampliación del instituto y en la búsqueda de fondos para continuar su labor, mientras que al mismo tiempo se ha cuestionado por qué la atención pública se centra en el muelle y no en el cementerio. «El muelle representa el ingreso; el cementerio es el lugar donde quedaron», afirma Merced. Su compromiso de recordar y contar la historia del cementerio de Pretos Novos y la vida y sufrimiento de miles de africanos está más vivo que nunca, y con cada visita al IPN, mantiene viva la hazaña de aquellos que, aunque olvidados, aún tienen un lugar en la memoria colectiva de Brasil.
