
En un reciente editorial del diario «El Siglo» publicado en Santiago el 18 de enero de 2026, se pone de manifiesto la creciente desconexión entre la élite política y las realidades cotidianas de los ciudadanos chilenos. La actividad política, más que nunca, se enfrenta a un clima de crispación caracterizado por disputas internas, discursivas agresivas y pugnas por intereses particulares, lo que ha llevado a muchos a cuestionar su relevancia. En este contexto, surge la imperiosa necesidad de que la actividad política no solo aborde los problemas desde una perspectiva elitista, sino que se conecte de manera sustancial con las necesidades de la población, priorizando cuestiones esenciales que impactan la vida diaria de las familias chilenas.
Las preocupaciones de la ciudadanía, tales como el déficit habitacional, la atención en salud y el acceso a una educación de calidad, se mantienen en el centro de la discusión social y política. Sin embargo, a menudo estas urgencias se ven relegadas a segundo plano en favor de luchas internas y agendas que no reflejan las verdaderas prioridades de la sociedad. La falta de atención hacia problemas como la inseguridad pública, la impunidad en materia de derechos humanos, y la situación alarmante de la migración es una clara señal de que la elite política debe reevaluar sus estrategias y enfoques. Esta desconexión solo contribuye a agravar la desconfianza de los ciudadanos en sus representantes.
El clima político, marcado por la incertidumbre y la contención entre distintos sectores de la izquierda y progresismo, agrega capas a esta problemática. Las controversias sobre resultados electorales y la composición del próximo gabinete ministerial se centran más en cuestiones de tipo personal o de militancia que en las trayectorias que puedan garantizar una gestión efectiva de los derechos de la gente. Este enfoque técnico y elitista aleja aún más las decisiones políticas de las verdaderas necesidades del pueblo, subrayando la urgencia de un cambio de paradigma en la actividad política para que sea verdaderamente representativa.
Además, el hecho de que las discusiones políticas se centren en aspectos superficiales, ignora las profundas reivindicaciones sociales que la población clama con insistencia. Los temas relacionados con el costo de la vida, la búsqueda por empleos de calidad y los derechos laborales de trabajadores y trabajadoras son algunas de las áreas que requieren atención inmediata. Sin un enfoque claro en la defensa de los derechos sociales y en la mejora de la calidad de vida, la política corre el riesgo de seguir siendo percibida como un ejercicio distante y ajeno a las realidades de quienes viven en condiciones precarias.
La convocatoria a la élite política es clara: es esencial que reorienten sus esfuerzos hacia el impulso de los derechos populares, priorizando la atención de las demandas más urgentes de la ciudadanía. La política no puede seguir funcionando como un espacio cerrado y elitista, desconectado de los ciudadanos a quienes debería servir. Para restaurar la confianza de la gente en sus representantes y en toda la esfera política, es crucial que se cimenten las bases de una política que verdaderamente escuche, atienda y busque mejorar la calidad de vida de todos los chilenos y chilenas. Solo así se podrá avanzar hacia un futuro más justo y equitativo.
