
La planificación estratégica en el ámbito educativo es fundamental para la construcción de una sociedad equitativa y mediante la cual se defina el futuro de Chile. Según Arnoldo Macker Aburto, educador destacado, no se debe limitar a una administración reactiva del sistema escolar, sino que se requiere establecer una visión clara del tipo de sociedad que se desea construir. La educación debe ser entendida como un pilar esencial de la política pública, orientada a fomentar la identidad nacional, la cohesión social y el fortalecimiento de la democracia. Esto implica que la gestión educativa debe enfrentar retos de largo plazo, promoviendo un desarrollo sostenible y comprometido con los valores ciudadanos que el país necesita para avanzar hacia un futuro común basado en la equidad y la inclusión.
La crítica al sistema educativo chileno destaca la necesidad de salir de un modelo de mercantilización que no ha logrado mejorar ni la calidad ni la equidad en la educación. Las investigaciones, como el informe del Ministerio de Educación, evidencian que la crisis de la educación pública no puede explicarse solo por problemas de gestión local, sino que es resultado de una contradicción estructural que vincula el fortalecimiento de la nueva educación pública con un sistema enmarcado por dinámicas de competencia y mercado. En este sentido, es esencial avanzar hacia una gestión que priorice el interés público y no el lucro, donde el financiamiento de la educación no dependa de la matrícula y los resultados instantáneos, sino que esté guiado por las necesidades de desarrollo humano y social a largo plazo.
Ante las desigualdades territoriales que enfrentan diversas comunidades, Macker Aburto subraya la necesidad de adoptar un enfoque diferenciado en el financiamiento y la gestión de la educación pública. La desigualdad existente entre zonas urbanas y rurales debe ser atendida a través de políticas ajustadas a las realidades locales, reconociendo que cada territorio tiene características y necesidades únicas que requieren respuestas diferenciadas. Esto implica que los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) deben ser fortalecidos con estructuras y recursos que se alineen con su contexto territorial, evitando la imposición de un modelo uniforme que invisibilice la diversidad de los desafíos que enfrentan.
A nivel de política pública, la propuesta de Macker Aburto es clara: la educación debe ser concebida como una responsabilidad estratégica del Estado, lo cual exige superar la lógica competitiva que actualmente prevalece en el sistema. Este cambio debe traducirse en un financiamiento educativo que sea basal y equitativo, en lugar de depender de mecanismos de competencia por matrícula. Se debe avanzar hacia un enfoque que contemple no solo el desarrollo profesional de los docentes, sino que también contemple la expansión de la red educativa como un proceso planificado y no meramente administrativo. Así, la educación pública se convierte en un eje vital para la cohesión social, la democracia y el impulso de un desarrollo inclusivo para el país.
Finalmente, la planificación educativa debe abordar de manera integral las dimensiones humanas, sociales y culturales que Chile necesita para su futuro. La educación no puede ser vista como un mero trámite administrativo, sino como un proyecto nacional orientado al fortalecimiento del sentido de pertenencia y la participación ciudadana. En un mundo cada vez más complejo y cambiante, es crucial formar a ciudadanos capaces de discernir y contribuir a la sociedad de manera crítica. Una gestión educativa que articule estos elementos permitirá no solo superar las fallas del sistema actual, sino también construir una educación que realmente refleje las necesidades y aspiraciones del país, priorizando siempre el interés general por encima de las lógicas de mercado.
