La ficción de HBO, que fue un éxito con su segunda temporada, va contra la tendencia del streaming, de estrenar temporadas completas un mismo día. Con una estrategia de TV lineal y debuts de episodios cada domingo, consiguió cifras abultadas en rr.ss: en TikTok, el hashtag #Euphoria suma una cifra astronómica de 29 mil 600 millones de visualizaciones y Twitter informó que es el programa de TV más tuiteado de la última década.

“Oscura, depravada, degenerada y nihilista”, acusó el grupo conservador estadounidense Parents Television and Media Council, exigiendo su cancelación por la abundancia de escenas explícitas en consumo de drogas, sexo, desnudos frontales, violencia y conflictos propios de la etapa más tumultuosa de la existencia, como es la juventud. Una mezcla de Kids (1995) y Trainspotting (1996), según la certera definición de HBO en 2018, al anunciar la serie estrenada al año siguiente con la venia de la crítica.

Zendaya, exestrella Disney y protagonista de Euphoria, reiteró al inicio del segundo ciclo, mediante Instagram, que el intenso drama juvenil requiere de audiencias maduras. “Esta temporada, tal vez incluso más que la anterior”, posteó la actriz de 25 años a cargo de la conflictuada Rue, “es profundamente emotiva y trata temas que pueden ser desencadenantes y difíciles de ver”.

Zendaya, que también es productora ejecutiva de Euphoria y ganadora de un premio Emmy a Mejor Actriz por su papel -la más joven en conseguir la distinción-, remató con un enganche irresistible para la Generación Z, el grupo objetivo al que aspira la serie:

“Por favor, solo mírala si te sientes cómodo”.

Cada capítulo de estreno por HBO -que se puede ver en Chile por HBO Max y también a través de Claro Video, con suscripción a $6.900- desata verdaderos ritos. No sólo se trata de verlo, sino de participar del generoso tráfico que genera en redes sociales. En TikTok, el hashtag #Euphoria registra una cifra astronómica de 29 mil 600 millones de visualizaciones; los episodios se transforman en trending topic planetario por Twitter (la compañía informó que es el programa de TV más tuiteado de la última década en Estados Unidos); se multiplican los memes, como escenas fuera de contexto se convierten en viral; los personajes y los artistas detrás desatan fanaticadas. En YouTube, solo su trailer del capítulo final de temporada tiene 6 millones de reproducciones. Y en Reddit hay foros donde los seguidores elaboran teorías sobre lo que sucederá.

Ese mismo fervor ha contribuido a que su elenco logre reconocimiento. La debutante actriz trans Hunter Schafer -Jules-, tiene 6.3 millones de seguidores en Instagram, Sydney Sweeney -Cassie- suma 9,5 millones de seguidores y Alexa Demi -Maddie-, casi 9 millones. Eso sí, allí la número uno es Zendaya, que ya acumula 130 millones de seguidores en esa red social.

Twitteros chilenos celebraron como triunfo deportivo la aparición en esta segunda temporada de una imagen del estallido social en medio de un monólogo de Rue, la adolescente que no parece particularmente interesada en dejar los excesos narcóticos, siguiendo la tradición obtusa, oscura y profundamente humana de algunos de los personajes más icónicos de la última década como Walter White, reacio a dejar el narcotráfico en Breaking Bad, y Saul Goodman, impertérrito en el camino de un truhán en Better Call Saul.

Sólo en EE.UU. la producción registra una teleaudiencia promedio de 13 millones. Nada mal para una adaptación. Esto, porque la versión original de Euphoria fue una miniserie israelí emitida entre 2012 y 2013. Aquella trama transcurría en los 90, sobre un grupo de jóvenes de 17 años que pasan sus días entre las drogas y el sexo como si el mundo se fuera a acabar. Los adultos prácticamente no figuraban y si alguno aparecía, no mostraba el rostro.

Como suele ocurrir con las series protagonizadas por jóvenes, la estética, el ritmo y la banda sonora son determinantes. La música de Euphoria conjuga clásicos con guiños a generaciones parentales -Even the nights are better de los eternamente románticos y ochenteros Air Supply acompaña una brutal golpiza-, y selecciones urbanas chic inclinadas hacia lo sombrío. El soundtrack de la segunda temporada aparece este viernes 25 con material de Lana Del Rey, Tove Lo y James Blake, entre otros.

En The New York Times, la psicóloga Sabrina Romanoff plantea que Euphoria instala una pregunta candente en los espectadores: “¿Harías lo que fuera necesario para conseguir lo que quieres?”. La profesional suma otra peculiaridad provocada por la fatalidad dominante en las tramas, un fenómeno que define como “doom watching”, pariente del “doomscrolling”, el consumo compulsivo de malas noticias. Los domingos por la noche, cuando la pantalla es un refugio, la gente sintoniza dramas, relatos intensos, “proyectando los miedos y estresores personales de uno mismo al grupo colectivo”, dice, “o a personajes televisivos externos y ficticios”.

Boutique y retail

La tradición del capítulo semanal, ese estreno por goteo de la serie favorita provocando una expectación mayúscula y los comentarios en la noche de debut y al día siguiente, se remonta a los días de la televisión abierta, el enganche con el que crecieron boomers, la Generación X y millennials. HBO sigue fiel a ese modelo gracias a su contenido más selecto y menos copioso -reservas más propias de una boutique antes que una multitienda-, versus la opción de Netflix, cuyo stock de títulos permite múltiples estrenos, en su mayoría con los capítulos completos de una temporada, que han dado paso al concepto de “maratón”.

“Son dos estilos distintos”, sintetiza Andrés Azócar, CEO de Ubik y exdirector de Medios Digitales de Copesa y Canal 13. El periodista explica que el negocio era más sencillo en el pasado, cuando los espectadores dispuestos a contenidos más exclusivos contrataban una empresa de televisión por cable, y la relación podía vegetar por años. Ahora no.

“Para mantener la fidelidad de los suscriptores, necesitan buenos estrenos”, sentencia. “En ese sentido HBO, al tener una tesis de contenido más premium que el resto, sostiene el modelo de un estreno a la semana”. Esta estrategia, que convive con almacenar temporadas completas de clásicos como The Wire y Los Sopranos, apunta Azócar, consigue hitos. Cita como ejemplo la reciente marca de Euphoria, cuando el sexto episodio coincidió con el mayor evento deportivo anual en Estados Unidos, el pasado 13 de febrero.

“Batió un récord de 5.1 millones de televidentes en medio del Super Bowl”, recuerda el periodista, “y además logran que estas conversaciones se transformen en trending topic, y que la gente sienta necesidad de comentarla, que se suscriban, o que sea pirateada”.

Pablo Morales, exdirector de contenidos y producción de Chilevisión y exdirector general del Festival de Viña del Mar en la última década, describe los beneficios de esta “guerra que se ha dado en las plataformas”. “Ha incentivado a una creación de contenidos como no habíamos tenido nunca”, observa, “y tampoco sabemos cuánto va a durar, porque hoy día Netflix vale millones de dólares por una proyección de suscriptores, pero puede que eso vaya cayendo porque no se cumplen las metas”.

Este periodo intenso de producciones dramáticas y documentales ha desbordado a otras áreas, como lo sucedido en los máximos premios de Hollywood. “Antes, las películas del Oscar estaban solo en los cines”, observa Morales, “y ahora los cines es una plataforma más, mientras Netflix y otras suscripciones tienen nominaciones”.

Esa clase de dinámicas propias de esta generosa era audiovisual descrita por el ejecutivo, provoca nuevas necesidades: “Obliga a que uno tenga acceso a esas plataformas, gaste más dinero, y que sea parte de este negocio que va alimentando más contenidos”.

Cambio de modelo

Pablo Morales relata cómo han evolucionado las maneras de programar en esta división. “Un modelo, que es el modelo que normalmente ha tenido la televisión y el cine, es que esto tenía ventanas”, explica. “La primera ventana era el cine, la segunda ventana eran los cables, después la televisión abierta. Como al final era una gran familia -ABC Disney es una gran familia, o Paramount era una gran familia, los estudios se ligaban mucho a los canales de televisión-, lo que hacían era que se estrenaba una serie en el cable, y muy pronto ese capítulo se estrenaba en televisión abierta”.

El ejecutivo rememora el caso internacional de Lost y, en el circuito local, series como Los 80 y la de Los Prisioneros. “Se trataba de una lógica que tenía relación en Estados Unidos entre el cable y la televisión abierta, muy de la mano”, señala.

Esta tradición la rompió Netflix, un servicio que no está estrictamente ligado al aparato de televisión, sino a una diversidad de soportes y que estrena con sus propias reglas, incluyendo las mismas que han dado éxito a HBO.

“Netflix ha pasado por dos políticas”, acota Pablo Morales. “La serie de Luis Miguel, en su primera temporada, se estrenó por capítulos semanales. Teníamos que esperar. La segunda se estrenó por completo. Es más. Hubo una época entre medio, que en algún periodo estrenaban de a tres capítulos”.

Según Andrés Azócar, la opción de Netflix obedece a multiplicar suscriptores gracias a una mayor cantidad de contenido. “Es un modelo más industrial con temporadas completas arriba”, resume. Sin embargo, el CEO de Ubik advierte que Netflix también ha conquistado esa atención en redes sociales.

“‘El Juego del Calamar’ probablemente generó la misma cantidad de conversación, pero en diferentes ámbitos, de una manera mucho menos trending que Euphoria”, advierte, “pero finalmente fue un hit igual, una de las series más vistas de la historia. A la semana ya estaba en (la plataforma de videojuego) Roblox, y en YouTube está lleno de gente que ha aplicado El Juego del Calamar en la vida real. Nadie puede negar que fue un boom en todas partes, y eso significó que Netflix ganara mucho. Pero es distinto a HBO”.

En la mirada de Pablo Morales, Netflix desarrolla un sistema de oferta masiva con tal de ganar participación de mercado. “Eso hace que estrenen series completas que pueden tener menos resonancia”, dice, “porque se van matando unas a otras, pero te mantienen enganchado para ver qué se está estrenando, o películas, documentales, o lo que venga”.

“La inteligencia de HBO está en un contenido muy bien hecho, termina la temporada y parte la otra. Hay un tren que casi no les falla”, complementa Andrés Azócar sobre las características de la poderosa señal. “Tienen la presión interna de generar más contenido. Pero lo que tienen lo manejan muy bien. Euphoria es una serie que está en la conversación no solo de los adolescentes porque estéticamente es casi un videoclip permanente. Son estrategias distintas para una misma guerra”.

“Tienes una cultura HBO de un contenido un poquito más premium”, puntualiza Pablo Morales, “y tienes una cultura Netflix que es premium, pero también es bastante barco pesquero, en el sentido masivo de que te tira Pasión de Gavilanes, te tira Café con Aroma de Mujer. Si miras los diez primeros (puestos), son muchas teleseries remake. Bueno, Café con aroma de mujer es nueva, pero Pasión de Gavilán es viejísima”.

“Lo que HBO construye capítulo a capítulo con Euphoria”, remata el ejecutivo de televisión, “es ir trabajando con influencers, por redes sociales, TikTok, trabajando más el capítulo, y los otros, como Netflix, tiran todo. Luis Miguel, uno a uno, fue un tremendo fenómeno. Pero ya la segunda parte fue bastante menos. Entonces uno dice ‘ya no es tan imperdible, la puedo ver en cualquier minuto’”.