
Con rostros cubiertos por el dolor y la indignación, un grupo de mujeres se congregó una vez más en Ciudad Juárez, en el norte de México, para alzar sus voces en demanda de justicia. Esta manifestación tiene un trasfondo desgarrador, ya que se desencadena en medio de un alarmante incremento en la ola de feminicidios que ha azotado a la región. La ocasión recae sobre el asesinato de Isabel Nieto, una maestra local cuya desaparición está envuelta en un manto de impunidad y sufrimiento. “La violencia se ha desbordado”, enfatizó Gio, una de las organizadoras del evento, advirtiendo que en solo semanas se han reportado múltiples homicidios sin que las autoridades respondan adecuadamente a las demandas de la ciudadanía.
El caso de Isabel Nieto ha catalizado aún más la rabia colectiva, especialmente porque su desaparición ocurrió en una zona supuestamente monitorizada por cámaras del Centro de Respuesta Inmediata (CERI). Sin embargo, la falta de avances en la investigación plantea serias interrogantes sobre la efectividad de estos sistemas de vigilancia. Gio cuestionó con fervor: “¿De qué sirve tanta vigilancia si no protege ni esclarece?”. La coincidencia de su hallazgo con otro homicidio en la misma jornada reafirma la sensación de que la vida de las mujeres en Juárez se ha vuelto precarizada y vulnerable.
Durante la protesta, las activistas se unieron para rendir homenaje no solo a Isabel, sino también a Tania, una mujer trans que fue asesinada semanas antes. “Estamos aquí por todas ellas, incluso por las que no tienen nombre, por las que desaparecen sin dejar rastro”, proclamó una activista con voz entrecortada pero firme. Este eco de solidaridad y apoyo es un recordatorio sobre el compromiso constante de las mujeres de la ciudad para exigir cambios y justicia. A pesar de la falta de respuestas institucionales, las calles se llenan de cruces rosas y pancartas que visibilizan la vasta red de feminicidios que ensombrecen la vida en Juárez.
La situación se convierte aún más trágica cuando se considera que ser mujer en esta frontera con Estados Unidos expone a poblaciones vulnerables a peligros adicionales. Las mujeres migrantes, racializadas, y trabajadoras sexuales enfrentan un panorama desolador y sin protección. “No hay seguridad ni para las privilegiadas en esta ciudad. Vivir aquí es vivir con miedo constante”, comenta Gio, explicando que la proximidad con Estados Unidos no significa una garantía de protección ante la violencia. Al contrario, las políticas de exclusión y control que se implementan también golpean a las mujeres de Juárez con la misma fuerza.
Con datos alarmantes que reflejan la gravedad de la situación, la Fiscalía de la Mujer reveló que durante abril de 2025, siete mujeres fueron asesinadas en Juárez, y de estos casos solo uno fue clasificado como feminicidio. A nivel nacional, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reportó un total de 52 feminicidios en el mes. En este panorama de horror, el grito de las mujeres de Ciudad Juárez se eleva con la certeza de que resistir es sobrevivir: “Gritar es resistir. Callar, morir”, concluyeron las organizadoras, manifestando la desesperación y la urgencia de encontrar respuestas efectivas ante la creciente violencia.
