La Generación Z, compuesta por aquellos nacidos entre 1997 y 2010, representa la primera generación de nativos digitales y táctiles, configurando una psicología y formas de interacción profundamente influenciadas por la tecnología. Esta cohorta ha crecido en un mundo donde el acceso permanente a la información es innegable, eliminando las barreras que las generaciones anteriores tuvieron que enfrentar en su búsqueda de conocimiento y entretenimiento. Sin embargo, esta constante exposición a una avalancha de datos y estímulos también ha abierto la puerta a la «twitterización» del pensamiento, donde el análisis profundo y la reflexión se ven amenazados por la brevedad y la superficialidad de las interacciones online.

La vida de la Generación Z no solo está marcada por su relación inmediata con la tecnología, sino también por el legado de luchas políticas y sociales que han sido el resultado de las generaciones anteriores. Estos jóvenes han llegado a un mundo en el que se han logrado avances significativos en derechos civiles, reconocimiento a la diversidad sexual y bienestar animal. Sin embargo, la hipocresía política se hace evidente al observar cómo la diversidad ha sido utilizada como un instrumento electoral por los políticos, lo que genera desconfianza en una generación que busca autenticidad y compromiso genuino con causas sociales.

En un contexto de crisis global, que incluye el colapso financiero de 2008 y la pandemia de Covid-19, la Generación Z se enfrenta a la presión del «utilitarismo profesional», avocada a equilibrar su pasión personal con la necesidad de elegir carreras que les ofrezcan estabilidad económica. Esta lucha se intensifica en un panorama laboral donde el trabajo precario y la digitalización han transformado las expectativas de vida laboral en comparación con generaciones anteriores. Con un acceso sin precedentes a la educación superior, su experiencia se ve empañada por la ansiedad que ocasiona el miedo a no encontrar un lugar en un mundo laboral competitivo y en constante cambio.

La ansiedad generada por el ‘Fear Of Missing Out’ (FOMO) juega un papel crucial en la vida de los jóvenes de la generación Z, ya que se ven atrapados en una red de comparaciones sociales exacerbadas por las redes sociales. Este fenómeno promueve una compulsión por estar constantemente conectados y actualizados, llevando a una cultura de exhibición que prioriza la imagen sobre la realidad. Sin embargo, aunque esta situación afecta su salud mental, también ha llevado a formas innovadoras de activismo y participación política, impulsadas por las plataformas digitales que utilizan para organizar protestas y manifestaciones en torno a temas relevantes.

Con una voz cada vez más activa, la Generación Z se ha hecho sentir en el ámbito social y político, participando en manifestaciones en contra de injusticias globales como el genocidio en Palestina. Esta movilización es indicativa de un potencial transformador que, a medida que se desarrollen, les otorgará a estos jóvenes la responsabilidad de dar forma al futuro. Si bien enfrentarán desafíos inherentes a la política, como la tentación de discursos radicales y la necesidad de navegar un mundo complicadamente interconectado, se espera que sean portadores de una fuerza de cambio que podría reconfigurar los equilibrios de poder establecidos por las generaciones anteriores.