Un año después del inicio de la guerra comercial lanzada por la administración de Donald Trump contra más de 180 países, Latinoamérica exhibe un impacto notablemente dispar. Mientras algunos países han logrado redirigir sus exportaciones o negociar acuerdos para mitigar los efectos adversos, otros han visto caer su competitividad en el mercado estadounidense. Brasil, uno de los más afectados, reportó una disminución de sus ventas a EE.UU. en aproximadamente $1,500 millones entre agosto y diciembre de 2025, debido a un aumento en aranceles que llegó hasta el 50%. Este golpe se dejó sentir particularmente en sectores como la madera, metales, plásticos, caucho y pesca, resultando en una caída del 6.6% en las exportaciones hacia Estados Unidos, su segundo socio comercial después de China.

La situación en México, aunque ligeramente diferente, también es preocupante. A pesar de que inicialmente se los excluyó de los aranceles considerados «recíprocos», Washington impuso un gravamen general del 25% a las importaciones mexicanas, que se vio parcialmente atenuado gracias al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, ciertos sectores estratégicos como el acero, aluminio y la industria automotriz siguen enfrentando aranceles significativos, lo que ha dejado presiones sobre la economía mexicana. Las medidas arancelarias han llevado a un escenario complejo, particularmente en un momento en que México busca mantener su competitividad en el mercado estadounidense.

Por su parte, Ecuador enfrenta un panorama incierto, con proyecciones de desaceleración del crecimiento a un 7% en 2026, influenciado por los altos aranceles impuestos por EE.UU. Así, un enorme 49% de sus exportaciones no se benefician de la eliminación de la tasa adicional del 15% que se instauró durante la guerra comercial. Con el reciente acuerdo comercial propuesto por el Gobierno de Daniel Noboa, se espera que al menos el 53% de las exportaciones no petroleras hacia EE.UU. se liberen, lo que podría aliviar parcialmente la presión económica. Sin embargo, el contexto de tensiones comerciales continúa siendo un desafío importante para el país.

En contrastes, Argentina ha demostrado una notable capacidad de adaptación. La administración del presidente Javier Milei logró mitigar los efectos del arancel del 10% mediante negociaciones proactivas con Washington, consiguiendo un acuerdo que promete eliminar aranceles para $1,675 productos. Esto se ha traducido en un fuerte crecimiento de casi el 29% en exportaciones hacia EE.UU. durante 2025. Colombia, que también goza de aranceles relativamente bajos, ha logrado mantener e incluso aumentar sus exportaciones, particularmente en sectores como la pesca y el café, aunque aún enfrenta desafíos significativos con un tercio de su oferta exportable todavía gravada.

Otras naciones como Uruguay y Chile han experimentado efectos variados ante la guerra comercial. Uruguay consolidó su posición con un aumento del 30% en exportaciones hacia EE.UU. en 2025, siendo la carne bovina su principal producto. Chile, aunque afectado en ciertos sectores como el de frutas y salmones, se benefició al estar excluido de aranceles sobre el cobre. Finalmente, Bolivia y Paraguay se han visto menos impactados, con Bolivia aprovechando esta situación para reacondicionar su política económica y Paraguay manteniendo un flujo constante de carne hacia Estados Unidos. En conjunto, Latinoamérica se enfrenta a un complejo rompecabezas comercial donde las estrategias y adaptaciones varían considerablemente entre sus países.