La ultraderechista Keiko Fujimori Higuchi ha conseguido una ajustada victoria en las elecciones presidenciales de 2026, imponiéndose sobre el candidato izquierdista Roberto Sánchez Palomino. Según el último informe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), se dio a conocer que el 29 de junio se contabilizaron el 100% de las actas electorales, revelando que Fujimori obtuvo 9.223.396 votos, lo que representa el 50.135% del total. De esta forma, la hija del expresidente Alberto Fujimori marca su regreso al poder político en un entorno electoral altamente polarizado.

La competencia entre Fujimori y Sánchez fue intensamente reñida, con un margen de victoria que apenas fue de 49.641 votos. Sánchez, candidato del partido Juntos por el Perú, logró una considerable cantidad de sufragios, alcanzando 9.173.755 votos, equivalentes al 49.865% del total. Esta diferencia mínima resalta la fragmentación del electorado y las divisiones profundas que caracterizan el panorama político peruano, donde ambos candidatos representaban visiones radicalmente opuestas.

Con la proclamación casi inminente de Fujimori como presidenta electa, las expectativas en torno a su gestión son elevadas, especialmente considerando su historial familiar y político. Fujimori ha prometido establecer un gobierno que priorice la seguridad y la estabilidad económica, aunque muchos peruanos permanecen escépticos respecto a la capacidad de su administración para abordar los problemas sistémicos que han plagado al país en años recientes.

Además, la reciente elección ha puesto de manifiesto la relevancia de los jóvenes votantes, quienes han sido uno de los grupos más activos y que pueden haber inclinado la balanza a favor de Fujimori. La movilización de este sector es crucial en la política peruana, ya que representan un número significativo del electorado. En contraste, las estrategias de campaña de Sánchez no lograron capturar el apoyo necesario entre este grupo, lo que podría haber marcado la diferencia en los resultados finales.

Ahora, el país espera la formalización del triunfo de Fujimori, quien deberá enfrentar desafíos significativos desde el primer día de su gestión. A medida que se aborda la transición, los ciudadanos están atentos a las promesas de campaña y al enfoque que tomará su administración frente a las expectativas de cambio social y económico. Las próximas semanas serán decisivas para la política peruana, con miras a una gobernanza que podría reconfigurar el futuro político del país.