“La psicología no debe consistir en ‘arreglar’ a las personas para devolverlas a un sistema que no cuida su salud mental”

Estamos ya acostumbrados de escuchar cierto tipo de mensajes sobre salud y bienestar mental que predican que la felicidad es una cuestión de actitud, y que el camino hacia ella no es otro que proponérnoslo. Es lo que se conoce como ‘positividad tóxica’.

Para quienes de verdad conviven con condiciones psiquiátricas como los trastornos depresivos o los de ansiedad, este tipo de retórica puede resultar muy dañina, porque en cierto modo les carga con la culpa de un malestar de naturaleza médica. Y, especialmente, para aquellas personas cuya afección está provocada o condicionada por situaciones difíciles que escapan a su control.

“Nuestro padecer psíquico no puede aislarse del contexto”

Desigualdad, pobreza, enfermedad, maltrato, discriminación… Quienes tienen que lidiar cada día con este tipo de males se encuentran, lógicamente, en especial vulnerabilidad a nivel psiquiátrico. “Es muy poco probable que, en ciertas condiciones, no se produzcan en quienes las sufren algún tipo de problema de salud mental“, señala a 20minutos Edgar Cabanas, doctor en psicología, profesor e investigador en la Universidad Camilo José Cela y autor de Happycracia, obra que desgrana la “ciencia y la industria de la felicidad”. “Desde malestares más genéricos hasta problemas específicos como síntomas depresivos o de ansiedad”, añade.

“Claramente, son circunstancias que tienen un impacto en la salud mental de las personas, aunque haya que valorar más factores”, concuerda por su parte Pablo R. Coca, viñetista y psicólogo creador de Occimorons, una serie de viñetas que reivindican la importancia de cuidar de la salud mental a través de redes sociales y de la publicación del libro Esas cosas que nos pesan. “Lo que nos pasa, nuestro padecer psíquico, no debe ser aislado del contexto en el que vivimos”, explica.

“En definitiva, tener por ejemplo seguridad económica protege a las personas respecto a determinados problemas de salud mental, pero no te excluye del todo de sufrirlos porque en la ecuación se conjugan muchos más factores”, puntualiza.

“Hay que politizar el problema de la salud mental”

Cabanas, que trabaja en su investigación cuestiones como los determinantes sociales de la salud mental o, más en particular, la relación entre la precariedad laboral y la salud mental, explica que la psicología como ciencia se enfrenta a menudo con esta problemática. 

“Una cuestión es que nosotros sepamos identificar cuáles son los determinantes que más peso tienen a la hora de explicar en un problema, síntoma o sintomatología relacionada con la salud mental y otra cosa es cómo podemos cambiarlo”, dice.

“Nosotros hacemos un diagnóstico de la situación para entender por qué estos problemas se producen, se mantienen y por qué se distribuyen de forma desigual en la población: por qué determinados perfiles (personas con trabajos más precarios, o mujeres mayores de 45 años, o jóvenes que trabajan en sectores como el de los riders…) tienen mucha más probabilidad de sufrir este tipo de problemas de salud mental que otras personas”, continúa el experto.

“Hay que politizar la salud mental: es un problema social con causas sociales”

“Lo que tenemos que hacer es luchar a nivel político.  Tratar de concienciar a la gente de que hay que politizar el problema de la salud mental para hacer más evidente lo que ya sabemos: que el problema de la salud mental es un problema social con causas sociales”, indica. 

“Todo tiene un impacto en nuestra salud mental”

De manera similar, Coca defiende que muchas veces la protección de la salud mental va mucho más allá de la consulta del psicoterapeuta: “No todos los problemas son psicológicos, pero todo tiene un impacto en nuestra salud mental. Por tanto, cuando hablamos de salud mental tenemos que hablar también del mundo en el que vivimos, de cuáles son las circunstancias personales, sociales, económicas y políticas que estamos atravesando”.

“Es cierto que desde la psicología clínica se pueden dar estrategias y herramientas que pueden tranquilizar ese malestar de la persona, pero entonces estaríamos poniendo el foco en otro lado. La psicología no debe consistir en ‘arreglar’ personas para devolverlas a un sistema que, de por sí, no cuida para nada nuestra salud mental“, argumenta. Eso sí, dice, “todo el mundo debería tener garantizada una atención psicológica pública y de calidad en aquellos momentos en los que pueda necesitarla”.

Precisamente, y aunque la psicoterapia no vaya a solucionar problemas como situaciones de maltrato o de pobreza económica (“eso está por hacer: es un trabajo que debemos emprender como sociedad, desde la política y con leyes que regulen por ejemplo el mercado laboral”, apunta Cabanas), lo que sí puede es dar algunas respuestas al paciente.

“Son problemas que tienen que ver con su posición social”

“Saber esto (los determinantes que intervienen en una determinada sintomatología mental) y ponerlo en conocimiento del paciente sí que ayuda a normalizar ese problema y ponerlo en perspectiva”, desarrolla. “Por ejemplo, les ayuda a entender que no es un problema de responsabilidad individual, que no es algo que ellos estén haciendo mal o que no estén regulando bien sus emociones”, detalla.

“De pronto, no es un problema que carguen solo sobre sus hombros, sino que tiene que ver con su posición dentro del entramado social”, añade, “sino que saben que personas en situaciones similares tienen problemas parecidos”.

“Entonces, la terapia sí puede consistir en tratar de proporcionar a estas personas más en concreto herramientas psicológicas que le permitan en cierto modo navegar por esa situación, rebajar ese sufrimiento y ser más funcionales en su vida. Obviamente, esto hay que hacerlo, pero entendiendo que lo que mantiene o explica su problemática tiene más que ver con la posición que ocupa o con las condiciones que tiene que con lo que él haya hecho o dejado de hacer”, concluye.

Published at Wed, 05 Oct 2022 09:06:26 +0000