Las graves acusaciones que surgen en la querella presentada contra el ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje Capdeville, plantean serios cuestionamientos sobre el uso de su cargo para perjudicar a 356 familias damnificadas por el devastador incendio que asoló Viña del Mar. La querella, presentada ante el Juzgado de Garantía, sostiene que Poduje, junto a otros funcionarios, actuó de manera maliciosa al paralizar las obras de construcción de viviendas sociales limitando el acceso a empresas privadas, con el fin de beneficiar a intereses personales y políticos ajenos al bienestar de la comunidad. Esta situación ha dejado a cientos de familias viviendo en la incertidumbre durante más de dos años, mientras esperan recuperar sus hogares destruidos por las llamas.
El 24 de marzo de 2026, Poduje emitió el Ordinario N°245, paralizando indefinidamente las obras correspondientes a las 356 viviendas, a pesar de que los informes técnicos indicaban que la calidad de ejecución de las obras era estándar y que no había razones válidas para detener el proceso. Estos informes, que parecían ser fundamentales en la toma de decisiones, fueron desestimados en favor de una narrativa que ya había sido construida por Poduje con anterioridad, durante su tiempo como parte del equipo presidencial entrante. Las decisiones tomadas se comunicaron públicamente antes de seguir los procedimientos establecidos, lo que evidencia una posible colusión y irregularidad en el manejo administrativo.
La querella criminal alega cuatro delitos graves, incluyendo prevaricación administrativa, donde se sostiene que Poduje sabía que sus resoluciones eran injustas. El caso se torna aún más preocupante al entender que las acciones tomadas no solo tienen implicaciones legales, sino también éticas, ya que atentan contra los derechos fundamentales de quienes requieren un techo seguro. La posibilidad de haber manipulado la situación en beneficio propio plantea serias dudas sobre la integridad del actual gobierno y su compromiso con las familias afectadas. Las pruebas documentales y audiovisuales expuestas en la querella indican que el ministro intentó deslegitimar a las empresas constructoras y a dirigentes que defendían sus contratos.
A medida que avanza la investigación, se hace evidente que la responsabilidad también recae en el Presidente y su administración, quienes podrían ser considerados cómplices por su falta de acción ante la gravedad de las acusaciones. La espera de las familias damnificadas se ha convertido en un símbolo del fracaso estatal en la protección de sus derechos. La creciente presión para que se tomen medidas inmediatas sobre la situación del ministro impotencia a miles de ciudadanos que dependen del cumplimiento de este programa de vivienda. En un sistema democrático, el principio de probidad pública debe prevalecer y no puede haber excepciones según la posición política del acusado.
En el contexto actual, donde la normativa y la legalidad están siendo puestas en tela de juicio, la permanencia de Poduje en su cargo representa un conflicto de interés significativo. Hay un argumento sólido que sostiene que ningún funcionario público debe sostener su cargo mientras enfrenta acusaciones de tales dimensiones. La dimisión no debería interpretarse como un acto de deslealtad, sino como una medida mínima requerida para el ejercicio de la función pública cuando se desarrolla una investigación de esta naturaleza. La situación no solo afecta a Poduje, sino que también plantea interrogantes fundamentales sobre la ética y la transparencia en el ejercicio de la política habitacional en Chile.
