
Nicolás Maduro Guerra, hijo del exlíder del régimen venezolano Nicolás Maduro, ha expresado su profundo desconcierto tras la captura de su padre por las autoridades estadounidenses, un evento que tuvo lugar en la madrugada del 3 de enero. En un audio difundido por Madelein García, periodista de TeleSur, Maduro Guerra describió la jornada como un «día de shock» y un «coñazo», un golpe que, según sus palabras, el chavismo no vio venir. A pesar de la conmoción general, Maduro Guerra enfatizó que el movimiento chavista continuará en pie, movilizándose a las calles a partir del 4 y 5 de enero para demostrar su resistencia ante lo que consideran un ataque estratégico al régimen.
En sus declaraciones, Maduro Guerra no solo expresó su dolor personal por la detención de su padre, sino que también hizo insinuaciones sobre la existencia de «traidores» dentro del entorno del chavismo. Afirmó que, con el tiempo, la historia revelará las identidades de aquellos que habrían colaborado con el enemigo y facilitado la captura. Aunque no ofreció nombres específicos, su declaración sugiere que el miedo a una fractura interna podría estar latente dentro de las filas del chavismo, un sentimiento que Maduro Guerra intentó desmentir al abogar por la unidad en momentos de crisis.
En un giro adicional a la situación, Maduro Guerra se enfrenta a acusaciones graves por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que afirma que él y otros altos funcionarios del régimen estarían involucrados en una extensa red de narcotráfico que operaba desde Venezuela. La fiscal general estadounidense, Pam Bondi, presentó previamente una acusación formal que incluye a Maduro Guerra como un miembro clave en la facilitación del tránsito de grandes volúmenes de cocaína hacia Estados Unidos a través del Caribe y Centroamérica. Esta doble carga de la situación, tanto emocional por la captura de su padre como legal por las acusaciones en su contra, compone un panorama oscuro y desafiante para el joven.
De acuerdo con el documento judicial, se estima que entre 200 y 250 toneladas de cocaína transitaban anualmente por Venezuela en los últimos años, con Maduro Guerra presuntamente usando recursos estatales, incluyendo aviones de la petrolera PDVSA, para llevar a cabo estas operaciones. Se alega que participó activamente en la carga de drogas y tuvo reuniones con representantes de grupos narcotraficantes, lo que complica aún más su defensa y la imagen del chavismo ante la comunidad internacional. A medida que las autoridades estadounidenses siguen de cerca estos casos, la presión sobre el régimen se intensifica.
A pesar de las serias acusaciones y el clima de incertidumbre, Maduro Guerra se muestra decidido a mantener la fe en la reconstrucción del chavismo y asegura que su padre regresará a Venezuela. «De esta salimos», insistió en sus declaraciones, reflejando una actitud desafiante ante lo que considera un objetivo concertado en su contra. La situación en Venezuela se vuelve cada vez más tensa, mientras el régimen se prepara para enfrentar no solo la batalla judicial y política, sino también una posible desintegración interna si las divisiones y rumores de traición se materializan entre sus integrantes.
