
La historia de Deivi Delfín y su familia es un crudo recordatorio de los desastres naturales que han afectado a Venezuela en los últimos años. En la barbería de Cali, Colombia, donde trabaja su padre, Deivi, un adolescente de 15 años, relata cómo el terremoto del 24 de junio les arrebató todo lo que conocían. Él y su hermano mayor, Winder, han crecido en un entorno marcado por el sufrimiento y la pérdida. Con una madurez sorprendente para su corta edad, los hermanos comparten las imágenes de horror que vivieron en La Guaira, donde no solo perdieron a sus seres queridos, sino también su infancia, enfrentándose a la cruda realidad de cuerpos indistinguibles bajo los escombros y la destrucción de su hogar. Al llegar a Colombia, estos jóvenes luchan por construir una nueva vida mientras el eco del terremoto sigue resonando en sus corazones.
El día del sismo, Deivi y Winder pasaban un día común disfrutando de la playa, presagiando que lo peor estaba por venir. Al regresar a casa, el suelo tembló, desencadenando dos potentes terremotos que arrasaron con edificios y vidas. La familia se vio atrapada en la devastación cuando el edificio de 12 pisos donde residían colapsó, sepultando a su madre, su hermanito y su abuela. La desesperación y el caos se apoderaron de ellos, sin comprender del todo la magnitud de la tragedia que se avecinaba. Winder recuerda aquella tarde fatídica con una profunda tristeza, afirmando que su «mundo se le cayó encima» cuando se percató de que su hogar ya no existía.
Tres días después del desastre, Winder y Deivi comenzaron una búsqueda desgastante entre los escombros en un intento por hallar a sus familiares desaparecidos. La incertidumbre y el desasosiego no les permitieron rendirse, y a pesar de no tener dónde dormir o qué comer, se unieron a otros voluntarios que intentaban rescatar a sobrevivientes y recuperar aquellos que no lo eran. La dolorosa experiencia de descubrir lo que quedaba de sus seres queridos fue algo que marcó a los hermanos, quienes, a pesar de su dolor, se convirtieron en agentes de esperanza entre los sobrevivientes, arriesgando su propia vida para ayudar a otros en la misma situación.
En medio del desesperante proceso de búsqueda, los hermanos comenzaron a encontrar recuerdos familiares entre los escombros: desde una lista de compras inacabada hasta la falda de flores de su abuela. Estos objetos se convirtieron en puentes hacia su pasado y en símbolos de su resistencia. La búsqueda culminó de manera devastadora al descubrir el cuerpo de su abuela y, más tarde, los de su madre y su hermanito. Para Deivid y Winder, lidiar con la realidad de su pérdida fue una experiencia transformadora que los hizo abandonar su infancia y asumir roles de adultos en medio del horror.
El viaje a Cali fue un rayo de esperanza, aunque pronto se vio ensombrecido por otro temblor en su nueva casa, recordándoles que el terremoto nunca los había dejado. En el claro contexto de su nueva vida, Deivi y Winder han encontrado en su padre un pilar de apoyo, y a pesar de ser perseguidos por el pasado, esperan que su madre esté orgullosa de ellos. La resiliencia de esta familia ante situaciones tan adversas es un testimonio del poder humano para seguir adelante, construir y enfrentar los desafíos, incluso cuando el suelo vuelve a temblar. La historia de la familia Delfín es una historia de dolor, pero también de esperanza y superación.
