
El devastador doble terremoto que azotó a Venezuela el 24 de junio ha dejado un saldo trágico de 6,125 muertos, con un incremento de 579 víctimas en comparación con el informe previo, según datos proporcionados por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. Esta actualización es la primera en más de un mes, ya que las autoridades no habían revisado el número de fallecidos desde el 24 de julio, fecha en que se conmemoró el primer mes de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que afectaron severamente la zona norte del país, generando un clamor de apoyo humanitario y de atención a las víctimas.
Además de la cifra de muertos, el reporte indica que un total de 60,992 personas han recibido atención médica en hospitales desde el día del desastre. Cabe destacar que este nuevo balance presenta un diseño diferente al de informes anteriores, excluyendo estadísticas sobre heridos y damnificados, a la vez que contempla un total de 287 viviendas que han sido entregadas a personas afectadas. Según Rodríguez, de las 41,624 viviendas evaluadas, 25,325 son habitables, una luz de esperanza en medio de la crisis.
La ONG Provea ha manifestado su preocupación por la falta de claridad en las cifras oficiales, exigiendo al gobierno una actualización urgente del número de desaparecidos, que se mantiene en 157 desde el 25 de junio. Asimismo, iniciativas ciudadanos como ‘Desaparecidos Terremoto Venezuela’ han denunciado que más de 29,000 personas han sido reportadas como desaparecidas, lo que pone de relieve la gravedad de la situación y la ausencia de un registro público confiable que pueda respaldar estos datos.
En el ámbito político, el gobierno venezolano y un sector de la oposición han comenzado un proceso de diálogo, impulsado por Estados Unidos, que busca avanzar en una posible transición política en el país. Esta semana, se contempla una reunión en Caracas donde se abordarán temas cruciales, entre ellos la atención a las víctimas de los sismos, así como indicadores de democracia y garantías políticas. La urgencia de esta discusión cobra relevancia ante la creciente preocupación por el bienestar de quienes han sufrido las secuelas del desastre.
Finalmente, el Banco Mundial ha estimado que los daños físicos directos causados por los terremotos ascienden a unos 19,600 millones de dólares, advirtiendo que un proceso de reconstrucción lento podría obstaculizar la recuperación económica de Venezuela durante los próximos diez años. En este contexto, no solo es fundamental abordar las necesidades inmediatas de las víctimas, sino también trazar un camino claro hacia la recuperación y la estabilidad política del país, que ha estado sumido en una crisis prolongada.
