
Un reciente estudio publicado en la revista Open Heart ha revelado que para maximizar los beneficios de una sesión de ejercicio, es crucial sincroniar la actividad física con el reloj biológico de cada persona. Los investigadores han subrayado que las personas madrugadoras, conocidas como «alondras», obtienen mayores beneficios realizando ejercicio por la mañana, mientras que los noctámbulos funcionan mejor entrenando por la tarde. Este enfoque adaptado no solo favorece la salud en general, sino que también contribuye significativamente a mejorar la salud cardiovascular, especialmente en aquellos que presentan un mayor riesgo de enfermedades cardíacas.
El estudio incluyó a 134 participantes de entre 40 y 50 años en Pakistán, todos con al menos un factor de riesgo cardiovascular, como la hipertensión o el sobrepeso. Durante tres meses, estos individuos realizaron caminatas rápidas en cinta rodante durante 40 minutos al día, cinco veces por semana. A pesar de que tanto madrugadores como nocturnos mostraron mejoras en su condición física, los que ejercitaron según su cronotipo experimentaron mayores beneficios en indicadores como la presión arterial, la calidad del sueño y la capacidad aeróbica, resaltando la importancia de ser coherente con el propio reloj biológico.
Los autores del estudio advirtieron sobre los peligros del ‘jet lag social’, un término que describe el desajuste entre el cronotipo biológico y los horarios sociales de trabajo y actividad. Este desajuste no solo afecta el bienestar general, sino que también se ha relacionado con un aumento en el riesgo de problemas cardíacos, siendo los noctámbulos los más afectados. En respuesta a estas necesidades, algunos gimnasios han comenzado a operar las 24 horas, ofreciendo flexibilidad a las personas para entrenar en el momento que más les convenga, promoviendo un enfoque más personalizado para mantener una vida activa.
Hugh Hanley, director de entrenamiento personal en PureGym, ha notado un cambio en la cultura del ejercicio, donde la gente prioriza su bienestar global y opta por horarios de entrenamiento más flexibles. Según Hanley, es preferible que las personas busquen establecer metas pequeñas y manejables en lugar de pretender alcanzar objetivos ambiciosos que pueden resultar desalentadores. Esta tendencia se refleja en el creciente interés por el entrenamiento de fuerza, abarcando todas las generaciones, lo que no solo mejora la salud física, sino también contribuye a una mayor calidad de vida.
Finalmente, aunque el momento del ejercicio puede influir en su eficacia, expertos como Nina Rzechorzek de la Universidad de Cambridge insisten en que lo más crucial es mantener una rutina de ejercicio regular. Se recomienda combinar diferentes tipos de actividad física, integrando ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana y realizando ejercicios cardiovasculares intensos. En este sentido, los ejercicios isométricos, que no requieren equipamiento y pueden hacerse en casa, han ganado popularidad. Actividades como las sentadillas contra la pared y la plancha son efectivas para aumentar la fuerza muscular y reducir la presión arterial, demostrando que no hay una única fórmula para el éxito en la salud física.
