
Los recientes gobiernos de Javier Milei en Argentina y José Antonio Kast en Chile han emergido de un contexto caracterizado por una intensa campaña de desprestigio hacia las administraciones que los precedieron. Esta táctica, que ilustra una estrategia política común en la actualidad, encuentra su paralelo en las acciones de Donald Trump hacia su predecesor Joe Biden. A través de una narrativa diseñada para desacreditar y demonizar al gobierno anterior, ambos líderes han buscado cimentar su legitimidad y posicionarse como salvadores de sus respectivas naciones. En este ambiente, el enfoque clave ha girado en torno a temas que despiertan preocupación popular, como la seguridad, la migración y la economía, presentándolos como cuestiones de suma urgencia para revitalizar la fe pública y política.
Sin embargo, la coincidencia en las tácticas políticas no se limita solo al contenido de las campañas, sino también a la retórica y los métodos empleados. En este sentido, tanto Milei como Kast han adoptado un estilo de comunicación agresivo y polarizador, basado en la desinformación y la creación de un enemigo común: el gobierno anterior. Similar a Trump, sus discursos están impregnados de insultos y calificaciones simplistas destinadas a deslegitimar a sus opositores y reforzar su imagen como outsiders motivados por un sentido patriota. Esta dinámica, que se apoya en la movilización emocional del electorado, ha demostrado ser eficaz en la construcción de identidad política y en la movilización de bases electorales.
Otro aspecto a destacar es la forma en que ambos líderes han utilizado la figura de la ‘reconstrucción’ como una herramienta retórica. Kast ha dado a su administración el nombre de Reconstrucción Nacional, un término que recuerda el lema de Trump de ‘Make America Great Again’, buscando conectar emocionalmente con un electorado que ansía cambio y estabilidad. Las similitudes no solo se quedan en el ámbito discursivo; también se reflejan en las políticas implementadas, como la promoción de roles autoritarios en la gestión de la migración y la reforma económica bajo principios de un neoliberalismo exacerbado, cuestionable en sus implicaciones sociales.
La influencia de ideólogos como Steve Bannon resuena en la estrategia de estos gobiernos, enfatizando el uso de la desinformación como un arma política. Bannon, conocido por su papel en la campaña de Trump, ha defendido una aproximación que prioriza la guerra cultural por encima del diálogo y la construcción de consensos. En este contexto, las tácticas que utilizan líderes como Milei y Kast reflejan no sólo una imitación de una metodología exitosa, sino que también indican una comprensión más profunda de cómo manipular la narrativa política para generar miedo y movilizar el apoyo popular. Esto pone de relieve la necesidad de un análisis crítico sobre el impacto en la democracia de estas prácticas.
Finalmente, es crucial destacar que este patrón de repetición y emulación de tácticas políticas no es un fenómeno aislado, sino que se inscribe en un marco más amplio de desigualdad y dominación en que los líderes buscan perpetuar sus sistemas de poder. La aspiración de Milei y Kast de replicar el éxito de Trump no se basa únicamente en la casualidad, sino en una estrategia deliberada que sabotea las bases democráticas en favor de una forma de gobierno diseñada para garantizar la lealtad más que la honestidad. A medida que estos patrones se perpetúan, se hace evidente que el futuro de la política en América Latina dependerá cada vez más de la capacidad de las sociedades para cuestionar y resistir estas narrativas manipulativas.
