
El reciente Oficio Circular N°16, emitido por el Ministro de Hacienda Jorge Quiroz Castro, ha generado un amplio debate en la sociedad chilena. Este documento, que establece nuevos límites de gasto para los próximos años, ha sido calificado como el inicio de un proceso de desmantelamiento del Estado social. Según los críticos, este enfoque presenta la reducción de programas sociales bajo la máscara de «responsabilidad» y «eficiencia», ocultando su impacto real en las clases trabajadoras. Observadores sostienen que esta tendencia no es un simple capítulo contable, sino un acto de guerra de clases que reconfigura la relación de poder entre el Estado y el capital financiero.
El Gobierno de Kast ha defendido la idea de un «nuevo paradigma», enfatizando la necesidad de alinear la planificación presupuestaria con prioridades estratégicas. Sin embargo, este lenguaje, que evoca teorías como el New Public Management, se encuentra enraizado en la lógica del mercado y la privatización que tuvo su inicio en los años setenta. El nuevo modelo, que transfiere efectivamente el poder presupuestario desde el Congreso al Ejecutivo, limita la capacidad de la ciudadanía para influir en decisiones críticas sobre la distribución de recursos, generando preocupación en sectores que defienden la soberanía democrática.
El impacto directo de la Circular se evidencia especialmente en el área de educación. Un alarmante 53,9% de los programas educativos del Estado están bajo amenaza de descontinuación. Iniciativas tan vitales como el Programa de Alimentación Escolar, que provee nutrición a más de un millón de niños, se ven comprometidas. Al mismo tiempo, el Gobierno mantiene intacto el Crédito con Aval del Estado, que ha generado una pesada carga de deuda en muchas familias chilenas. Esto subraya una clara jerarquía de intereses: mientras los recursos para la educación y la alimentación de los más vulnerables se recortan, el capital financiero se protege y se prioriza.
La ideología del «Estado mínimo» promovida por la administración actual plantea serias contradicciones. Aunque se argumenta que el Gobierno busca reducir el gasto, la realidad es que se están expandiendo las oportunidades para el capital privado, a expensas del bienestar de la clase trabajadora. Según analistas, este enfoque refuerza la premisa de que el Estado sirve como un «comité de negocios de la burguesía», facilitando la acumulación de riqueza entre los sectores privilegiados mientras reduce las protecciones sociales que una vez fomentaron la equidad.
Frente a este escenario, se hace un llamado a la organización y movilización de la clase trabajadora y los movimientos sociales chilenos. Es imperativo que se entienda que el deterioro de programas esenciales no se trata de una meramente técnica reducción de costos, sino de un ataque a los derechos logrados con esfuerzo. La urgencia de actuar y de construir un relato que defienda la importancia de la educación y el bienestar social se vuelve crucial; de ahí la necesidad de una respuesta concertada que articule la defensa del presupuesto público como un acto de resistencia contra el ajuste neoliberal.
