Este martes, durante una conferencia de prensa en la que se compartían resultados alentadores de la estrategia de seguridad de la alcaldía de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum recibió la devastadora noticia del asesinato de dos altos funcionarios de su administración: Ximena Guzmán, secretaria particular, y José Muñoz, asesor de gobierno de la jefa de gobierno, Clara Brugada. El momento se tornó aún más dramático cuando su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quien también había sobrevivido a un atentado en el pasado, se acercó para informarle en un susurro. Estas muertes, ocurridas en un ataque en plena luz del día, destacan la fragilidad de la situación de seguridad en la capital, a pesar de los esfuerzos previos que habían mostrado una reducción en los asesinatos y otros delitos.

El crimen se produce en un contexto donde la alcaldesa Brugada y su antecesora, Sheinbaum, habían trabajado arduamente para posicionar a la Ciudad de México como un ejemplo de seguridad en un país marcado por la violencia. A lo largo de su mandato, Sheinbaum logró una reducción del 50% en homicidios y un 60% en delitos de alto impacto, contribuyendo a disminuir la percepción de inseguridad entre los ciudadanos. Sin embargo, el reciente ataque pone en tela de juicio estos logros, especialmente considerando que el asesinato de Guzmán y Muñoz no solo afecta la moral de la coalición Morena, sino que también amenaza la imagen restaurada de la ciudad como un oasis en medio del caos nacional.

En la Mañanera, Sheinbaum expresó su apoyo a Brugada, prometiendo que se investigará hasta las últimas consecuencias para que haya justicia. Por su parte, Brugada reafirmó el compromiso de su administración en la lucha contra la inseguridad, insistiendo en que la transformación de la ciudad continuaría, aunque varios ciudadanos y críticos dudan de la efectividad de la estrategia actual, que incluye el monitoreo a través de cuadrantes y la instalación de cámaras de seguridad. Al parecer, los avances pueden no ser suficientes ante el aumento de la violencia; en los últimos años, las desapariciones han crecido de manera alarmante, dando lugar a la percepción de que el gobierno podría estar ocultando la magnitud del problema.

Los datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas reflejan un aumento del 444% en las desapariciones en la capital entre 2021 y 2024, lo que abre un nuevo debate sobre la eficacia de las medidas de seguridad implementadas. Expertos en temas de seguridad señalan que mientras el gobierno local actúa contra ciertos grupos del crimen organizado, otros mantienen un control férreo en zonas específicas de la ciudad, cobrando extorsiones y operando bajo la impunidad. Esto sugiere un panorama complejo, donde las cifras de homicidios pueden no reflejar la veracidad de la situación de seguridad en la capital.

La reciente violencia ha revitalizado la discusión sobre si la Ciudad de México realmente es un lugar seguro. Las contradicciones entre las estadísticas oficiales y la creciente ola de violencia conspiran contra la imagen presentada por la administración de Morena. Los asesinatos de Guzmán y Muñoz se suman a una serie de ataques a líderes locales, que en un contexto más amplio podría alimentar la narrativa de quienes argumentan que la estrategia de seguridad de Sheinbaum y sus aliados no es más que una farsa. El impacto de estos actos de violencia resuena no solo en el plano local, sino que tiene implicaciones a nivel nacional e internacional, dejando entrever la fragilidad de la seguridad en un país donde el crimen organizado sigue desafiando al Estado.