La reciente elección presidencial ha evidenciado una tapa oscura para la socialdemocracia, el progresismo, los democristianos y la izquierda en Chile. A pesar de la implementación del voto obligatorio, el resultado fue alarmante: menos de cinco millones de electores, en su mayoría de sectores populares, decidieron no sufragar. Esta situación se traduce en una derrota política y electoral que, según diversos analistas y dirigentes de partidos, responde a una serie de factores, entre los cuales destacan las deficiencias de gestión del gobierno de Gabriel Boric y la falta de conexión con problemas que afectan directamente a la ciudadanía, como la inseguridad pública, la migración y el aumento del costo de la vida. Paulina Vodanovic, presidenta del Partido Socialista, comentó que “esta derrota es del sector”, haciendo eco del desencanto que se ha comenzado a visibilizar entre las bases de apoyo del oficialismo.
El análisis de la derrota ha sido objeto de debate entre los líderes de las colectividades que apoyaron a Jeannette Jara. Sin embargo, muchos coinciden en que no hay una única causa que explique el fracaso electoral. Según Tomás Hirsch, diputado de Acción Humanista, es fundamental un análisis reflexivo y profundo que tome en cuenta la complejidad de la situación. Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, advierte sobre la necesidad de no simplificar el tema, pues debe asumirse en su totalidad. Por el momento, la discusión se ha tornadopolémica, con temores de que las diferentes colectividades no logren llegar a consensos en un documento de balance o autocrítica que permita abordar adecuadamente la situación.
Otro aspecto relevante señalado por dirigentes como Francisco Vidal es la pérdida del contacto con el voto popular. La falta de aproximación a comunas con alta densidad de electores ha sido severamente criticada. Jorge Millaquén, exjefe de gabinete de Jara, mencionó que no se logró captar al electorado fundamental que podría haber beneficiado a la coalición, lo que plantea la pregunta sobre si la campaña electoral fue insuficiente o si el problema radica en un descuido arraigado por la falta de trabajo efectivamente territorial. Desde la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), Eric Campos resaltó la desconexión de la narrativa política con sectores sociales clave, haciendo hincapié en la necesidad de renovar el enfoque y entender la diversidad de la ciudadanía actual.
La gestión del gobierno mismo ha estado bajo el microscopio tras esta derrota. Se han señalado múltiples deficiencias, como el manejo del caso de corrupción conocido como Caso Monsalve y la incapacidad de dar respuestas adecuadas a las urgencias sociales y cumplir con promesas de campaña. Matías Ramírez, diputado del Partido Comunista, remarcó que es innegable la responsabilidad del gobierno y de la coalición en las pérdidas electorales, sobre todo al desatender las transformaciones propuestas. La comunicación también ha sido deficiente, ya que no se han logrado transmitir con claridad los logros de la administración, lo que ha generado una distancia con la población.
Finalmente, la comunicación se ha tornado un tema crítico en el análisis post-electoral. La falta de una narrativa coherente y asimilable para la campaña electoral se ha evidenciado en comparación con la estrategia de la extrema derecha, que logró resonar con los ciudadanos en torno a tres pilares: seguridad, migración y crecimiento económico. Este desfase ha dejado en evidencia la necesidad de revisar cómo los progresistas y la izquierda han abordado sus mensajes en los medios. Jorge Sharp ha enfatizado la incapacidad de captar la relevancia de una comunicación efectiva, permitiendo que la derecha monopolizara el espacio mediático por décadas. La urgencia de adaptarse a nuevas realidades comunicativas se hace cada vez más evidente para poder recuperar la conexión con la ciudadanía.
