El reciente terremoto en Colombia ha dejado una huella profunda en la memoria colectiva del país, evidenciada por las palabras del presentador Víctor Obando, quien describió la experiencia como una eternidad. La magnitud 7,4 del sismo, que ocurrió cerca de San José del Palmar, ha sido objeto de análisis no solo por los daños que causó, sino también por la percepción del tiempo entre quienes lo vivieron. Mientras los datos oficiales indican que el movimiento telúrico duró entre 90 segundos y 2 minutos, muchos testimonios recogen una sensación de prolongación del evento, lo que ha llevado a cuestionar por qué esa discrepancia. A medida que avanzamos en la comprensión de esta tragedia, es pertinente explorar los factores que influyen en la percepción humana de los desastres naturales.

Las características geológicas del sismo han sido cruciales para entender su impacto en la población. El temblor se originó a una considerable profundidad de 104 kilómetros y a unos 500 kilómetros de la capital, Bogotá. Este tipo de sismo, clasificado como de profundidad intermedia, tiende a sentirse en áreas más amplias debido a la menor pérdida de energía de sus ondas sísmicas. La sismóloga Luisa Castillo describió el terremoto como «muy grande», subrayando que la ruptura de energía puede extenderse mucho más de lo que la gente imagina. Así, el desglose del tiempo y movimiento en el interior de la Tierra se convierte en un elemento clave para entender por qué muchos perciben el sismo como un episodio más duradero.

Para determinar la duración de un sismo, se utilizan sismómetros que registran movimientos del suelo con alta precisión, superando la capacidad de percepción humana. Aunque las personas pueden experimentar un terremoto por pocos segundos, los instrumentos detectan las ondas sísmicas durante un tiempo más extenso. Este fenómeno plantea preguntas sobre la naturaleza de la percepción humana y cómo se entrelaza con la realidad objetiva de la ciencia. Como explican expertos, la duración grabada no se mide en el punto de percepción, sino en el mismo foco del terremoto, lo que crea una discrepancia inherente entre la experiencia personal y los datos medidos.

La percepción del tiempo durante un sismo también se ve influenciada por varios factores, como la distancia del epicentro, las características del terreno, y las condiciones en las que se encuentran las personas. Por ejemplo, estar en un edificio alto puede generar una sensación diferente de movimiento en comparación con estar en la planta baja. Adicionalmente, la diferencia en los tipos de suelo puede amplificar el efecto de las ondas sísmicas, haciendo que algunas áreas sientan el temblor con mayor intensidad y por más tiempo. Estos elementos, combinados con la angustia del momento y la falta de experiencias previas con terremotos, contribuyen a la percepción del tiempo como algo más extenso.

Finalmente, es importante considerar cómo el estrés emocional puede afectar la percepción post-sismo. Algunos psicólogos sugieren que, en medios de un evento tan traumático, las personas pueden seguir sintiendo temblores incluso cuando ya no hay actividad sísmica, lo que añade una capa de confusión a su experiencia. Este fenómeno es una respuesta común a traumas, donde el cerebro continúa procesando el miedo y la ansiedad. Así, la combinación de aspectos científicos, psicológicos y socio-culturales nos permite entender mejor la complejidad de la percepción del tiempo en situaciones de crisis como el sismo en Colombia.