
En 2026, cinco países de América Latina, entre los que destacan Brasil y Colombia, se preparan para elegir a sus nuevos presidentes. Estos comicios no solo configurarán el futuro político de estas naciones, sino que también tendrán un impacto significativo en la dinámica continental de la izquierda, actualmente en el poder en ambas naciones. Con la polarización política como telón de fondo, los electores se enfrentan a un dilema que podría influir en el rumbo de sus elecciones: el papel del presidente estadounidense Donald Trump. La controversia generada por su intervención en elecciones anteriores ha dejado huellas en la región, lo que plantea interrogantes sobre el futuro de los procesos democráticos latinoamericanos.
La primera cita electoral del año será en Costa Rica, donde los votantes elegirán, el 1º de febrero, a su presidente y a los miembros de la Asamblea Legislativa. Esta elección ya genera controversia debido a las acusaciones de intervención indebida en el proceso electoral por parte del presidente Rodrigo Chavez, que podría influir en los resultados. Asimismo, el contexto político se complica en Perú, donde una fragmentación extrema podría complicar las elecciones con hasta 34 candidatos buscando la presidencia. La incertidumbre en las encuestas sugiere que, por la falta de un claro favorito, es probable que se requiera una segunda vuelta el 7 de junio.
Colombia también se enfrenta a un panorama electoral tenso, marcado por un ciclo que comenzará con elecciones legislativas el 8 de marzo y la primera vuelta presidencial el 31 de mayo. Atrae la atención la lucha entre los bloques políticos oficialista de izquierda y la oposición de derecha, con un abanico de precandidatos en ambos lados. El actual presidente Gustavo Petro, a pesar de no poder buscar la reelección, juega un papel crucial en la configuración del futuro político a través de iniciativas como la propuesta de una asamblea constituyente, que podría fortalecer la posición de la izquierda en un momento crítico para la región.
Finalmente, en Brasil, la polarización política alcanza niveles sin precedentes con la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en juego. La oposición de derecha, aún desarticulada tras la condena del exmandatario Jair Bolsonaro, presenta varios precandidatos cuya división podría favorecer a Lula en la primera vuelta programada para el 4 de octubre. Sin embargo, todos los focos apuntan a la influencia de Trump y su apoyo a fuerzas políticas de derecha en Latinoamérica. La relación entre Trump y Lula ha sido particularmente insólita, considerando su fuerte confrontación, y esto complica aún más el escenario político, ya que muchos ven la intervención estadounidense como un factor potencialmente decisivo en el desenlace de estas elecciones.
En un panorama continental donde la izquierda ha cosechado triunfos recientes, la posibilidad de una derrota en estos comicios podría acentuar el declive de sus fuerzas. La tensión entre el intervencionismo estadounidense y la autonomía de los procesos electorales latinoamericanos continuarán siendo puntos críticos en el análisis político durante el año 2026. Con el trasfondo de una crisis humanitaria en Haití y las inquietudes de seguridad que se perciben en Perú, la atención mundial estará fija en cómo se desarrollarán estos eventos. Las elecciones de 2026 no solo determinarán el liderazgo en cada país, sino que también reflejarán las complejas relaciones y el futuro de la política en América Latina.
