El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, defendió este domingo las reformas constitucionales que permiten la reelección indefinida, en medio de críticas internacionales sobre su impacto en la democracia del país. A través de su cuenta de X, Bukele argumentó que estas reformas son comunes en países desarrollados, sugiriendo que las críticas hacia El Salvador se centran más en su tamaño y en la política que en la naturaleza de los cambios mismos. «La gran mayoría de los países desarrollados permiten la reelección indefinida y nadie dice nada», señaló el mandatario, desestimando las preocupaciones de los opositores y organismos internacionales sobre el desgaste de las instituciones democráticas.

La Asamblea Legislativa de El Salvador, en la que el partido oficialista Nuevas Ideas tiene el control, aprobó el pasado 31 de julio modificaciones clave a varios artículos de la Constitución, lo que incluye la eliminación de la segunda vuelta electoral y la extensión del mandato presidencial a un periodo de seis años. Estas reformas también abren la puerta para que el actual presidente se postule de manera indefinida. Organizaciones como Human Rights Watch (HRW) han condenado estos cambios, describiéndolos como un intento de «manipulación flagrante» de las reglas democráticas, alarmando a muchos que ven paralelismos con la situación en Venezuela.

Juanita Goebertus, directora de la División de las Américas de HRW, advirtió que Nuevas Ideas está siguiendo un camino similar al de Venezuela, donde reformas constitucionales han sido utilizadas para consolidar el poder del régimen. Mientras tanto, la organización Acción Ciudadana criticó a la administración de Bukele, afirmando que las reformas no tienen como fin el empoderamiento del pueblo, sino asegurar su permanencia en el poder. Aunque Bukele no ha anunciado oficialmente su intención de presentarse a un tercer mandato, la reciente reforma le da esta opción, lo que ha generado aún más inquietud en diversos sectores de la sociedad salvadoreña.

Las reacciones internacionales han sido diversas, con voces en contra que piden un retorno a las normas democráticas más tradicionales. Bukele comparó las críticas que recibe en el contexto de su reforma con la respuesta que obtendría si El Salvador se declarara una monarquía parlamentaria, sugiriendo que el país sería objeto de un rechazo similar a pesar de que tales modelos funcionan en otros lugares, como Reino Unido o Dinamarca. «La crítica no se basa en los modelos institucionales, sino en quién los aplica», expresó, defendiendo su posición frente a lo que considera doble moral en el tratamiento de su gobierno.

La situación en El Salvador plantea importantes cuestionamientos sobre el futuro de la democracia en el país. A medida que Bukele y su administración continúan promoviendo cambios significativos en las normas constitucionales, la comunidad internacional observa con preocupación la evolución del entorno político salvadoreño. Este contexto no solo impacta a El Salvador, sino que también podría tener repercusiones regionales, en un momento donde los ciudadanos buscan balances democráticos y protección a los derechos humanos en toda América Latina.